Carta del obispo de Tarazona para el domingo, 26 de mayo 2024 – Jornada Pro Orantibus

Este domingo es la fiesta de la Santísima Trinidad, en ella celebramos el misterio propio y exclusivo de nuestra fe cristiana, creemos que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Son tres personas distintas, pero un único Dios verdadero. Es la fiesta de nuestro Dios, que es amor que nos ama, nos ha creado por amor, nos ha redimido por amor, nos quiere para siempre a su lado en el Cielo, para vivir plena y únicamente de su amor.

Este día tenemos un recuerdo en la iglesia y en nuestra diócesis para las comunidades religiosas de vida contemplativa, ellas son las que rezan por todos (Orantibus). Hoy de forma singular rezamos por ellas, por su santidad de vida, por su testimonio en medio de nuestra iglesia por sus necesidades, por el aumento de vocaciones que ayuden a mantener sus comunidades.

Son una luz, esperanza para los creyentes y para los hombres de buena voluntad. El lema que nos guía este año es “Contemplando tu rostro, aprendemos a decir ‘hágase tu voluntad”. Descubrimos en él tres motivos. Nos habla del objetivo de la vida de clausura contemplar el rostro de Dios, a través de la meditación, de la oración, de su trabajo, como anticipo de lo que será la vida eterna, donde “lo veremos tal cual es” (I Jn. 3,2). En segundo lugar, tiene un sentido oracional, la oración que ocupa la parte central de su jornada. La oración es sustento de su vida y su vida está orientada y alcanza su culmen en la oración.  En tercer lugar, nos recuerda a María en su disponibilidad total y absoluta a la voluntad de Dios, objetivo prioritario de todos los religiosos entregados a buscar y cumplir la voluntad de Dios, siguiendo a Cristo nuestro maestro cuyo “alimento era hacer la voluntad del padre”. (Jn. 4, 34).

Nos ayuda este lema de forma especial este año que el Papa quiere que dediquemos a la oración como preparación para el próximo Año Santo 2025, dice Francisco “os pido intensificar la oración para prepararnos a vivir bien este acontecimiento de gracia y experimentar la fuerza de la esperanza de Dios”. Nos invita a perseverar en la oración como un diálogo con Dios ya que la oración nos transforma a cada uno de nosotros y también a la Comunidad de la que formamos parte “la oración es el lugar en el cual los cristianos se le conocen parte de la única familia de Dios”. La oración regenera y fortalece nuestra vida cristiana y también nuestra vida cotidiana. Es motor de todo lo que hacemos, es sentirse acompañado por Dios en cada momento y a la vez recibir su fuerza para que ese momento lo hagamos oración. La vida contemplativa nos enseña a hacer de toda nuestra vida oración, ya que Dios está presente en todo lo que hacemos, porque todo es importante para él y nos habla a través de todas nuestras actividades.

Que esta jornada nos ayude a sentir cerca la vida contemplativa, a sentir el apoyo de su oración y también a hacer un hueco en nuestro corazón muy especial para nuestros monasterios.

+Vicente Rebollo Mozos.
Obispo de Tarazona