Carta del Arzobispo de Zaragoza: Archivos diocesanos, «fuentes de luz»

Carlos Escribano Subías
27 de febrero de 2026

Los archivos de la Iglesia católica recogen, custodian y reflejan la actividad a lo largo de los siglos en cuanto a su gobierno, enseñanza, práctica de la caridad, celebración y santificación del pueblo de Dios. Son algo más que una imagen estereotipada de legajos polvorientos o locales oscuros.  Su importancia fue resaltada por la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia en su documento ‘La función pastoral de los archivos eclesiásticos’ en 1997, donde se puso de manifiesto que son el lugar de la memoria de las comunidades cristianas y un factor cultural al servicio de la evangelización.

Los archivos nos recuerdan nuestros orígenes en la fe y su transmisión mediante la actividad de nuestros antepasados, más o menos ilustres, expresada en documentos y monumentos, y también la necesidad de conservarlos para las generaciones sucesivas. El estudio documentado e imparcial del pasado de la Iglesia nos la muestra «experta en humanidad». Ello le permite reconocerse en su acción de inculturación y presencia en una sociedad determinada y, a la vez, le ayuda a contemplar su porvenir fundado en los datos de una Tradición sin nostalgias y con una mirada esperanzada en el cumplimiento de las promesas del Señor de la historia.

En la Archidiócesis de Zaragoza esta relevancia adquiere un significado extraordinario por su importancia como sede metropolitana desde el siglo XIV y como centro de espiritualidad mariana. Cuenta con un complejo archivístico notable, donde destacan principalmente dos instituciones: el Archivo Capitular y el Archivo Diocesano. 

El Archivo Capitular es uno de los más importantes de España. Al custodiar la documentación de los dos cabildos (el de La Seo del Salvador y el de Nuestra Señora del Pilar), ofrece una visión única de la liturgia, la música sacra y el arte. Conserva manuscritos medievales, incunables y partituras originales que son referentes para la musicología europea. Y refleja también la relación histórica entre la ciudad de Zaragoza y sus dos catedrales.

El Archivo Diocesano ubicado en el Palacio Arzobispal, mantiene viva la memoria de la Diócesis. Contiene los libros de muchas parroquias y es la fuente principal para estudios de genealogía y demografía histórica en Aragón. También registra las visitas pastorales de los obispos a lo largo de los siglos, los expedientes de órdenes sagradas y las disposiciones de los arzobispos que han moldeado la identidad diocesana y aragonesa.

En estos últimos años la Iglesia de Zaragoza ha realizado un esfuerzo notable por seguir manteniendo los documentos adecuadamente y por facilitar que investigadores y ciudadanos puedan consultar los ricos fondos contenidos en ellos. Baste recordar la reciente inauguración de la nueva sede del Archivo y de la Biblioteca Capitulares de Zaragoza, el pasado 27 de enero. Nuestros archivos no son museos cerrados, sino fuentes de luz. 

Muchas gracias a los archiveros, al personal técnico y a los voluntarios que los custodian. Gracias por vuestro trabajo y entrega en esta tarea tan necesaria en nuestra Archidiócesis. 

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