Este domingo, 6 de noviembre, fiesta de los Mártires del siglo XX, la S.I. Catedral de Barbastro acogerá la ceremonia de apertura de la fase diocesana de la Causa de Beatificación de 252 siervos de Dios: 210 sacerdotes, cinco seminaristas, tres clarisas y 34 laicos. Su testimonio de fe, entrega y perdón se suma al de nuestros 79 beatos mártires de la Guerra Civil, con su obispo, Florentino Asensio a la cabeza: 51 claretianos, 18 benedictinos, cinco escolapios, los dos curetas de Monzón -José Jordán y José Nadal-, el sacerdote Vicente Montserrat -beatificado en Almería-, y el laico Ceferino Giménez Malla, «el Pelé».

El obispo de Barbastro-Monzón, mons. Ángel Pérez, considera que «se lo debíamos». La Causa de Beatificación quiere responder a tanta «muestra de fidelidad, gracia y perdón, de reconciliación y reconstrucción de un mundo diferente que solo se hace desde el amor más radical, entregando la propia vida. Esto es el martirio: una gracia, un don; sentirse cautivado por Aquel que llena de vida frente a la muerte», añade. Por eso, no duda en calificar esta jornada de «día histórico» para esta diócesis martirial.

Este domingo, además de la apertura de la Causa prevista a las 12 horas en la Capilla de los Mártires, La2 de Televisión Española retransmitirá la eucaristía dominical desde la S.I. Catedral de Barbastro, dentro del programa El Día del Señor (10,30 horas). La misa, presidida por don Ángel, estará concelebrada por la mayoría de nuestro presbiterio diocesano, parte actora en la Causa. Sacerdotes y animadores de la comunidad han hecho un esfuerzo por intensificar las celebraciones el sábado y domingo por la tarde, facilitando la participación tanto en la misa como en la apertura de la Causa.

Además, está prevista la asistencia de familiares de los siervos de Dios en el proceso martirial y la participación en la liturgia de fieles de todos los arciprestazgos, así como de una formación musical con intérpretes de toda la diócesis. Así mismo, y como viene siendo habitual en las celebraciones martiriales, el tomillo tendrá un protagonismo especial, como humilde símbolo que «perfuma la mano del que le quita la vida».