¡PADRE!
¡Vuelvo a ti!
Te he conocido
sólo cuando me encontraba lejos de ti.
Antes no te conocía.
¡Padre mío, vuelvo a ti!
Te he deseado
sólo cuando me he encontrado sin ti.
Cuando me he sentido privado de ti
He sentido que te necesitaba.
¡Padre mío vuelvo a ti!
Hoy vuelvo a ti sin ninguna pretensión,
Yo que un día me fui
pretendiendo mi parte con arrogancia.
Padre mío,
Ahora ya no quiero nada;
Sólo te quiero a ti,
Sólo quiero ver tu rostro, oír tu voz,
Estar humildemente en tu presencia.
Padre mío,
Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo;
Tenme solamente como un siervo en tu casa;
Esto ya es un gran honor,
Porque sé que servirte es compartir tu trono real. Amén.
(Anna María CÁNOPI
¿Has dicho esto de nosotros? Las parábolas de la misericordia
Nancea Ediciones, Madrid 2005
Final de la reflexión sobre el hijo pródigo.)
| LOS AMIGOS DE DIOS |
Conservan su corazón
sin que en él penetre otra cosa que Dios
o sin que a él se apegue algo creado
al margen de Dios.
No se sientan si no es con Dios,
ni hablan si no es con Dios.
Por Dios subsisten,
en Dios contemplan,
hacia Dios viajan
y a él se vuelven,
de Dios hablan,
de Dios reciben,
en Dios confían,
junto a Dios viven.
Nada es objeto de su conocimiento fuera de él,
nada objeto de su contemplación fuera de él.
Preservan su yo de su yo
para que su yo no los reconozca.
Están ocultos en las profundidades de lo suprasensorial.
Son los amigos predilectos y escogidos de Dios.
Comen alimentos y van por los mercados
con un ir encubierto y un comer velado.
Muhyî ad-din IBN AL-‘ARABÎ. m.1240
(Sobre la ocultación de los amigos de Dios)