La primera misa crismal en Zaragoza del arzobispo Carlos Escribano ha congregado en torno a 200 sacerdotes. Junto al metropolitano, han concelebrado otros tres arzobispos: los eméritos Ureña y Jiménez, y el nuncio Moliner. También estaban presentes los obispos eméritos Borobia, Redrado y Moliner. Laicos y consagrados han completado el aforo del cincuenta por ciento de la catedral basílica del Pilar.

En su homilía, monseñor Escribano ha comenzado dando gracias a Dios por volver a celebrar públicamente la misa crismal y por poder celebrarla con los sacerdotes del presbiterio al que pertenecía cuando fue elegido obispo.

El Arzobispo ha querido centrar su homilía en la figura de San José, “protector de las vocaciones de los jóvenes y también de las nuestras, sacerdotes”. La palabra “fraternidad” ha resonado con fuerza en las palabras de monseñor Escribano: “Es necesario que nuestras acciones pasen por la exigencia de la comunión”.

“¿Qué significa misericordia para los sacerdotes?”, se ha preguntado, al mismo tiempo que invitaba con palabras del papa Francisco, “a conocer y curar las heridas de nuestros parroquianos”.

Renovar nuestro ministerio

El arzobispo Carlos ha pedido a los sacerdotes “ser fieles y no sacerdotes a tiempo parcial, como San José, obediente, renovando siempre el sí, en un momento en que la evangelización se presenta difícil, pero apasionante”.

“Pedir el don de la ilusión, para llevar a cada rincón de la diócesis, con creatividad, la alegría del Evangelio”, con este pensamiento invitaba a los sacerdotes a ser testigos de fe y esperanza, fuente de caridad, en el trabajo callado y constante.

Monseñor Escribano ha teñido palabras de consuelo y compromiso para las víctimas de la pandemia, los que han sufrido sus consecuencias en la enfermedad y también en el mundo del trabajo.

Tras la homilía, ha tenido lugar la renovación de las promesas sacerdotales y la bendición de los óleos de catecúmenos y enfermos, así como la consagración del crisma. Las respuestas del clero a las preguntas de monseñor Escribano sobre los compromisos sacerdotales han ido creciendo en intensidad y emoción. El “sí quiero” de los presbíteros resultaba impresionante.

Para la confección de los santos óleos se ha utilizado aceite del Bajo Aragón, donado por la cooperativa Virgen de los Pueyos de Alcañiz, que acaba de cumplir sus 75 años de existencia.

Óleos para los sacramentos

Los santos óleos son tres: el santo crisma usado para ordenaciones, confirmaciones, bautizos y consagraciones de altares e iglesias; el óleo de los catecúmenos, usado para ungir a los que están preparándose para el bautismo y el óleo de los enfermos, usado en el sacramento de la unción de los enfermos.

Los santos óleos se bendicen y consagran en la Misa Crismal que se celebra en la catedral de la diócesis en la mañana de Jueves Santo o en algún día cercano. En la Archidiócesis de Zaragoza, se celebra el Miércoles Santo para que puedan participar todos los sacerdotes, incluidos los de las zonas más alejadas de la diócesis.

Con la Misa Crismal, se da paso a la celebración del Triduo Pascual de la Muerte, Sepultura y Resurrección de Jesucristo.