El próximo domingo, VI de Pascua, la Iglesia en España celebra la ‘Pascua del Enfermo’. Una fiesta que, con los armónicos propios de los festejos de la Resurrección del Señor, hace eco de la ‘Jornada Mundial del Enfermo’, que tiene lugar el 11 de febrero, memoria de la Virgen de Lourdes. Este año, ambas citas tienen como lema ‘Acompañar en la soledad’.

La pandemia ha hecho que este lema cobrará un carácter nuevo y más acuciante: acompañar en la soledad cuando tantos enfermos y moribundos están aislados de sus familias. La Iglesia no se ha rasgado las vestiduras, sino que con oración e ingenio ha hecho lo posible por estar a la altura. Les ofrecemos tres ejemplos, los tres en la ciudad de Zaragoza.

El Hospital Royo Villanova paso de ser un hospital de infecciosos a ser un hospital general. Las Hermanas de la Caridad de Santa Ana siempre han estado allí con su cuarto voto, el de hospitalidad. Rosa María Alameda pertenece a esta congregación y, tras 33 años de servicio como enfermera, ahora ya jubilada, ha vuelto a ponerse su bata blanca para plantar semillas de esperanza en el trato con enfermos, sanitarios y familias. Javier García es el capellán y, durante este tiempo, ha sido mediador entre Dios y los hombres, pero también entre los pacientes y sus familias: el único cauce para que estas pudieran verse y oírse por última vez, al menos, hasta el cielo.

Nuria Gironella acompaña a personas con enfermedad mental y discapacidad. Lo hace en el Hospital Neuropsiquiátrico Nuestra Señora del Carmen. El confinamiento de los pacientes ha sido especial, especialmente duro y especialmente necesitado de palabras y gestos de humanidad y de fe, para que no se cumpla aquello de «me puse enferma y me dieron la espalda».

El servicio a los enfermos está siendo esforzado y lleno de ternura. Pero la Iglesia acompaña a las personas en otras situaciones de soledad y pobreza. Puedes leer más testimonios directos en ‘Historias con alma’.