La Delegación de Pastoral del Trabajo ha emitido un comunicado con motivo del 1º de mayo, en sintonía con la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente, cuyo lema este año es «Ante la exclusión, trabajo decente».

«Escucha el grito de los pobres»
Dilexi te (Te he amado) es la primera exhortación del Papa León XIV, centrada en el amor a los pobres. “La condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida (nº 9 Dt)”
“…existen muchas formas de pobreza: aquella de los que no tienen medio de sustento material, la pobreza del que está marginado socialmente y no tiene instrumentos para dar voz a su dignidad y a sus capacidades, la pobreza moral y espiritual, la pobreza cultural, la del que se encuentra en una condición de debilidad o fragilidad personal o social, la pobreza del que no tiene derechos, ni espacio, ni libertad (nº 9 Dt)”
En esta línea, el último informe FOESSA sobre exclusión y desarrollo social en España, denuncia “que el tener trabajo no es una garantía suficiente frente a la privación material y que los costes de bienes esenciales (energía, vivienda, alimentación) están desbordando la capacidad económica de amplias capas de población que nunca antes habían experimentado estas carencias”. De hecho, más de un tercio de la población excluida, trabaja.
Unos pocos datos nos ayudan a situar en contexto la afirmación anterior: La precariedad laboral en Aragón afecta a casi la mitad de la población ocupada (47,5%), generando un aumento de la pobreza laboral y condiciones de trabajo inestables. Los colectivos más afectados son la juventud, las mujeres, los emigrantes y el sector de la dependencia. Pero la mayor lacra es la siniestralidad laboral. En 2025 en Aragón fallecieron 29 personas en accidente de trabajo. En España, fueron 735 muertes (destacando el repunte en la construcción) y además se registraron un total de 620.386 accidentes de trabajo que causaron baja laboral.
La Doctrina Social de la Iglesia ha dado siempre una gran relevancia al trabajo y al mundo del trabajo: Juan Pablo II planteaba “el trabajo es una clave, quizá la clave esencial de toda la cuestión social, si se trata de verla verdaderamente desde el punto de vista del bien de la persona”; y el papa Francisco en la 109 Conferencia Internacional del Trabajo de la Organización Internacional del Trabajo, 2021 recogía “Busquemos soluciones que nos ayuden a construir un nuevo futuro del trabajo fundado en condiciones laborales decentes y dignas, que provengan de una negociación colectiva, y que promuevan el bien común, una base que hará del trabajo un componente esencial de nuestro cuidado de la sociedad y de la creación”
Por ello, estamos necesitados de una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad. Nos referimos a una manera de sentir, pensar y actuar que busque crear las condiciones de una convivencia más justa y humana que ponga la vida en el centro. Cuando situamos la rentabilidad económica en el centro, el cuidado de la vida se convierte en un coste que la disminuye, y se tiende a no tenerla en cuenta.
Cuidar el trabajo, es una dimensión muy importante del cuidado de la vida, de la que no podemos prescindir, tanto si son empleos (trabajos remunerados), como trabajos que no son empleos y sin embargo responden a necesidades humanas que tienen un gran valor social (trabajos del hogar y de los cuidados o trabajos de voluntariado en asociaciones y organizaciones).
La Iniciativa por el Trabajo Decente, la Delegación de Pastoral del Trabajo y la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), intentamos dar respuesta a ese grito, reflexionando, y sobre todo actuando, en torno a lo que implica la defensa de la dignidad del trabajo y el trabajo digno, como parte de nuestra tarea evangelizadora en el mundo del trabajo y también como necesidad social para avanzar hacia una sociedad más justa y fraterna.
En este contexto, la HOAC plantea la necesidad y la importancia de promover socialmente “cuidar el trabajo, cuidar la vida”, lema de su campaña actual. Sin cuidarnos unos a otros, sin cuidar la vida social, sin cuidar la casa común, no podemos vivir dignamente. Es una necesidad de la persona y de la vida social, porque el amor que expresa el cuidado es lo que nos humaniza.
“Ningún gesto de afecto, ni siquiera el más pequeño, será olvidado, especialmente si está dirigido a quien vive en el dolor, en la soledad o en la necesidad (nº4 Dt)”
