En una jornada marcada por la comunión y el espíritu de renovación, el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón ha acogido hoy una ponencia sobre «Espiritualidad sinodal», a cargo de don Vicente Jiménez, arzobispo emérito de Zaragoza, quien fue el responsable del equipo sinodal de la Conferencia Episcopal Española (CEE) además de padre sinodal (2021 – 2024).
La charla ha servido para recordar que no estamos ante un evento aislado, sino ante un proceso de conversión personal y pastoral que hunde sus raíces en el Concilio Vaticano II.
Al inicio de su intervención, don Vicente echó la vista atrás para recordar el origen de este proceso: una escucha abierta a todo el Pueblo de Dios articulado a través de diversos cuestionarios cuya respuesta fue muy significativa, especialmente en los inicios. Sin embargo, el arzobispo emérito subrayó que el verdadero reto comienza precisamente ahora, en la fase de aplicación en las iglesias locales. Con la autoridad de quien ha vivido el proceso desde dentro, lanzó una advertencia con el propósito de aterrizar las grandes líneas del Sínodo en la vida cotidiana de nuestras comunidades: «De nada serviría el camino recorrido si ahora no hubiera una puesta en práctica».
Una puesta en práctica compartida por todas las iglesias locales del mundo y para la que las conferencias episcopales ofrecen un itinerario y unos documentos. En el caso de la CEE, tienen a disposición de los fieles y comunidades una página web donde publican información y documentación para la formación durante el proceso. Asimismo, la archidiócesis de Zaragoza actualiza de forma constante una web propia centrada en el plan diocesano de pastoral con un apartado específico para el Sínodo. En él, los fieles pueden encontrar orientación sobre el método de trabajo, documentación básica y el calendario de trabajo.
Este calendario marca unas líneas de trabajo que han comenzado durante este primer trimestre de 2026 y continuarán a lo largo de este año y el que viene para concluir en una asamblea diocesana en torno a Pentecostés de 2027. Estas líneas de trabajo consisten en abordar, por parte de los equipos parroquiales y de las distintas comunidades de la diócesis y con una llamada clara a toda la comunidad diocesana, seis ejercicios de discernimiento: los consejos parroquiales como órganos sinodales; presencia pública y el acceso de los laicos a funciones de responsabilidad; carismas, ministerios y vocaciones en la Iglesia; la renovación misionera sinodal de las parroquias; rendición de cuentas y evaluación en asuntos pastorales y económicos; y formación al estilo sinodal.
Durante la charla, don Vicente recordó que la sinodalidad es un camino de renovación espiritual y de reforma estructural para hacer a la Iglesia mas participativa y misionera; que, ante todo, es una disposición espiritual en la que nuestra primera tarea es aprender a discernir la voz del Espíritu Santo; que ha puesto a la Iglesia en «moda escucha»; y que el modelo de la espiritualidad sinodal es la Virgen María porque ella «escucha, ora, medita, dialoga, acompaña, discierne y actúa», tal y como detalla el Documento Final del Sínodo (DF) en el punto 29.
Uno de los puntos tratados durante la ponencia fue la corresponsabilidad diferenciada, ya que todos somos corresponsables (más que colaboradores), de una manera diferenciada. De esta manera, el objetivo ha de ser fomentar un laicado maduro y comprometido, alentando la participación, especialmente de los colectivos que escasean: jóvenes, mujeres, migrantes, pobres, marginados y alejados.
Sobre esta cuestión, don Vicente señaló la importancia del buen funcionamiento de los órganos de participación de los que dispone la iglesia para vivir la corresponsabilidad, como son los consejos parroquiales, los económicos, los consejos presbiteral y diocesano de pastoral y las asambleas eclesiales. Estos órganos, recordó el arzobispo emérito, no pueden ser instituciones meramente formales y nominales, sino que han de tener una vitalidad efectiva.
Asimismo, don Vicente resaltó el valor de la parroquia como aspecto clave para alcanzar esa corresponsabilidad compartida, ya que como se extrae del DF 117, es un «lugar de sinodalidad» donde tejer lazos entre las diversas vocaciones, construyendo una comunidad orientada a la misión, en clave de «salida». Por ello, es el escenario donde se promueven los tres ejes vertebradores del Sínodo: comunión, participación y misión. De hecho, es la eucaristía dominical la «primera y fundamental forma de reunión y encuentro del pueblo de Dios» (DF 26).
En conclusión, «el Sínodo es una llamada a la conversión y la reforma de nuestra Iglesia» para la que debemos «ponernos en actitud de escucha ante lo que el Espíritu Santo dice». «Nuestro «caminar juntos»», señala don Vicente, «es lo que mejor realiza y manifiesta la naturaleza de la Iglesia como pueblo de Dios peregrino y misionero».
La archidiócesis de Zaragoza, en sintonía con este itinerario de conversión y escucha, ya ha concluido el trabajo de primer ejercicio de discernimiento sobre los consejos pastorales -cuyas conclusiones serán compartidas próximamente-, y se prepara para iniciar el segundo ejercicio en el que los grupos sinodales de toda la diócesis trabajarán la presencia pública y el acceso de los laicos a funciones de responsabilidad. La invitación sigue abierta a toda la comunidad diocesana para que se integre en los grupos de su parroquia, comunidad o movimiento, en sintonía con la aplicación del Sínodo que está teniendo lugar al mismo tiempo en todas la iglesias locales del mundo.
Para ampliar información o realizar cualquier consulta relacionada con este tema, contactar en el correo electrónico sinodo@archizaragoza.org

