Las mujeres de Tarazona llenan la Catedral para participar en la misa de Santa Águeda presidida por el obispo

Marta Latorre
5 de febrero de 2026

La S.I. Catedral de Tarazona ha vivido hoy una de sus celebraciones más entrañables y concurridas del calendario litúrgico: la fiesta de Santa Águeda. Decenas de mujeres han llenado los bancos del templo para honrar a la patrona de las mujeres, de las enfermeras y de quienes padecen cáncer de mama. La eucaristía ha estado presidida por el obispo de Tarazona, Mons. Vicente Rebollo, acompañado por el vicario general, don Javier Bernal.

En un ambiente de profunda devoción, Mons. Rebollo ha querido tener un recuerdo especial para las mujeres fallecidas a causa del cáncer y para aquellas que actualmente luchan contra la enfermedad, invitando a la comunidad a sostenerlas con cercanía, oración y esperanza. Al finalizar la celebración, ha bendecido los tradicionales dulces de Santa Águeda, gesto muy esperado por las asistentes.

Durante su homilía, el obispo ha presentado a Santa Águeda como un modelo luminoso de fidelidad y libertad interior. Ha recordado que, a pesar de vivir en un contexto moralmente frágil, la joven mártir de Catania supo ir “a contracorriente”, entregando su vida al Señor con una coherencia radical.  Ha subrayado que su virginidad consagrada no fue un mero rito social, sino la expresión de un amor total a Cristo, capaz de sostenerla incluso en medio de los tormentos más crueles.

Mons. Rebollo ha explicado que Santa Águeda es ejemplo porque “sólo Dios basta”: su vida muestra que quien se apoya en el Señor no pierde libertad, sino que la alcanza en plenitud. Frente a quienes intentaron doblegarla prometiéndole una vida cómoda, ella respondió con la certeza de pertenecer únicamente a Dios, y esa certeza —ha dicho el obispo— es la que la hizo verdaderamente libre.

El prelado también ha destacado el valor del sufrimiento unido a Cristo, recordando que Dios no quiere el dolor por sí mismo, pero sí acompaña al creyente en él y lo transforma en camino de vida. En Santa Águeda, ese sufrimiento adquiere sentido porque se convierte en testimonio para los demás y en fuente de esperanza.

Mons. Rebollo ha invitado a las mujeres a “reivindicar lo importantes que sois”, reconociendo el corazón grande, el servicio desinteresado y la entrega que tantas mujeres ofrecen en la Iglesia y en la sociedad. Ha recordado también a aquellas que, en otras partes del mundo, siguen siendo tratadas como inferiores, animando a tenerlas presentes en la oración y a valorar la grandeza de la vocación femenina.

Finalmente, ha exhortado a las asistentes a sentirse unidas, valoradas y conscientes de que el Señor cuenta con ellas para dar testimonio en la sociedad y en la Iglesia: “Nunca faltáis. Siempre estáis acompañando, sirviendo, al frente donde haga falta”.

La celebración concluyó con el rezo de la oración a Santa Águeda y el canto de su himno.

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