D. Carlos Escribano: «Gracias a aquellas mujeres que en 1957 se permitieron soñar, Manos Unidas es una realidad»

Rocío Álvarez
4 de febrero de 2026

En el marco de la presentación de la LXVII Campaña de Manos Unidas, el Arzobispo de Zaragoza, don Carlos Escribano, ha destacado la vigencia del compromiso de esta organización en su lucha histórica contra la injusticia. El Arzobispo subrayó cómo el lema de este año («Declara la guerra al hambre») «nos conecta directamente con el momento fundacional de la entidad,  recordando aquel “Declaramos la guerra al hambre” hecho público el 2 de julio de 1955, y que fue la semilla de la que nació una forma de compromiso que no ha dejado de crecer hasta hoy»

Un sueño nacido de mujeres valientes

Don Carlos puso en valor la figura de las mujeres que en 1957 «se permitieron soñar» y declararon la «guerra al hambre de pan y de cultura». Aquel camino, que comenzó con una primera cuestación nacional apoyada por Cáritas, se asentó sobre una filosofía que hoy sigue siendo el motor de la organización: ayudar allí y concienciar aquí, «un doble movimiento sencillo pero eficaz que ha permitido recorrer la historia socorriendo donde se descubre la necesidad».

Paz, Desarrollo y Solidaridad

El Arzobispo vinculó la labor de Manos Unidas con el magisterio de los últimos pontífices, trazando un hilo conductor que une la paz con la justicia social:

  • Juan XXIII y Pablo VI: Asentaron la idea de que la equidad, la paz y el desarrollo van intrínsecamente unidos.

  • Juan Pablo II: Reforzó que la solidaridad y la paz deben caminar siempre de la mano.

  • León XIV: Don Carlos citó sus palabras sobre una «paz desarmada y desarmante», marcando el camino que debe recorrer la sociedad actual ante las injusticias flagrantes.

El valor de los testimonios y los gestos

Durante el acto, el Arzobispo destacó el testimonio de Loli Martínez, misionera laica y socia de Manos Unidas en Mozambique, señalando que relatos así «ayudan a reconcienciarnos y a no olvidar dónde se vive la precariedad». Asimismo, subrayó que son necesarios esos «sellos de solidaridad» repartidos por Manos Unidas durante el acto a distintas entidades, agradeciéndoles su ayuda y generosidad para transformar realidades.

Un balance de esperanza

Don Carlos calificó este encuentro como «gratificante» al ver que merece la pena soñar y trabajar por los demás. Destacó como un signo de gran esperanza que, aunque el curso 2025 arrancó con ocho proyectos, se terminó doblando esa cifra gracias a la respuesta de la gente y al apoyo fundamental de las empresas. «Gracias a tantos soñadores y personas que saben arrimar el hombro para que tanta gente sea hoy beneficiadas», concluyó.

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