Este año 2024 el Papa pide a todos los fieles que preparemos espiritualmente el Jubileo de 2025, cuidando el don de la oración. En su Carta al Dicasterio de Nueva Evangelización (11-2-2022), Francisco decía: “Me alegra pensar que el año 2024, que precede al acontecimiento del Jubileo, pueda dedicarse a una gran “sinfonía” de oración; ante todo, para recuperar el deseo de estar en la presencia del Señor, de escucharlo y adorarlo. Oración, para agradecer a Dios los múltiples dones de su amor por nosotros y alabar su obra en la creación (…) Oración como voz “de un solo corazón y una sola alma” (cf. Hch 4,32) que se traduce en ser solidarios y en compartir el pan de cada día. Oración que permite a cada hombre y mujer de este mundo dirigirse al único Dios, para expresarle lo que tienen en el secreto del corazón. Oración como vía maestra hacia la santidad, que nos lleva a vivir la contemplación en la acción. En definitiva, un año intenso de oración, en el que los corazones se puedan abrir para recibir la abundancia de la gracia, haciendo del “Padre Nuestro”, la oración que Jesús nos enseñó, el programa de vida de cada uno de sus discípulos”.

Para que el Jubileo sea un evento que enriquezca espiritualmente la vida de la Iglesia y de todo el pueblo de Dios, convirtiéndose en signo concreto de esperanza, es necesario prepararlo y vivirlo personalmente y en las comunidades con ese espíritu de expectativa típico de la esperanza cristiana. Estoy seguro que muchos rezáis de distintas formas. En ocasiones siguiendo las enseñanzas de nuestros mayores que nos animaron a hablar con Jesús con confianza. Quizá te persignes al salir de casa elevando un breve pensamiento al Padre o tienes la costumbre de participar en la Eucaristía diaria o de rezar el Rosario. Son muchas las formas: desde la oración rápida hasta la oración distraída; desde la oración contemplativa, hasta la oración llena de lágrimas de dolor… la oración no se deja atrapar en un esquema preestablecido porque es la relación personal del creyente con Dios mismo, dentro de esa relación íntima y exclusiva que distingue nuestra fe. El Año de la Oración busca favorecer la relación con el Señor y ofrecer momentos de aprendizaje y de auténtico descanso espiritual. Un oasis al abrigo del estrés cotidiano donde la oración se convierte en alimento para la vida cristiana de fe, esperanza y caridad.

Estos meses deben estar caracterizados por la expresión de los discípulos dirigida a Jesús: «Enséñanos a orar» (Lc 11, 1). En efecto, necesitamos aprender a orar y el verdadero Maestro sólo puede ser Él: Jesús. Cristo con la oración del Padre Nuestro revolucionó el modo de orar de sus discípulos y de todos los creyentes. El lema «Enséñanos a orar» es ya una oración que surge de lo más profundo del corazón con el deseo de ser escuchada y nos llena de esperanza. Por eso este Año de la oración se trata de un tiempo privilegiado para redescubrir el valor de la plegaria y la necesidad de la misma en nuestro día a día; para aprender a orar y, sobre todo, para enseñar a rezar hoy con el fin de que la oración sea eficaz y fecunda. ¡Orando, caminamos hacia el Jubileo de 2025!