XXVIII Jornada Mundial de la Vida Consagrada: «Hágase tu voluntad» en una Iglesia sinodal en misión

El próximo 2 de febrero celebramos la XXVIII Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que nos recuerda un año más este don para la Iglesia y para el mundo en su riqueza de modos y carismas, inspirados por el Espíritu Santo a través de la escucha y el discernimiento comunitario. En coordinación con las jornadas que celebran las demás formas de vida cristiana en la Iglesia, este año el lema incluye la plegaria evangélica «¡Hágase tu voluntad!».

El papa pregunta a los jóvenes si se sienten portadores de una promesa, más allá de las dificultades que puedan llegar a tener, como también tuvo la Virgen María. Es una reflexión que bien podemos acoger las personas consagradas en medio de las dificultades del momento presente: «¿Qué promesa tengo en el corazón para llevar adelante?». ¿Qué promesa tenemos como comunidad para ofrecer, trabajar y poner en marcha?

Iglesia en Aragón ha rastreado las respuestas a esta pregunta y estos son los testimonios de quienes recientemente han decidido seguir a Cristo hasta la cruz y sabiéndose íntimamente acompañados por la Virgen del «fiat», inspirados por sus fundadores y fundadoras. El pasado 13 de enero, en la comunidad Mercedaria del Monasterio de El Olivar,  Fr. José Alejandro Tribiño Gómez emitió su profesión solemne. Ocho siglos después de la fundación de la orden, en Barcelona, por San Pedro Nolasco, todavía hay jóvenes que deciden apostar por la vida consagrada. «Aunque ha sido una elección que para muchos parece de locos, parece de gente no de este mundo, creo que ha sido la mejor elección que he hecho en mi vida y la verdad es que no me arrepiento y espero no arrepentirme nunca de esa decisión porque creo que es la felicidad más pura y más plena que puedes conseguir. Esa que viene de Dios». Con estas palabras, José Alejandro apuesta por continuar la obra de los hermanos de la Merced de servir a los más desfavorecidos, a aquellos que están privados de libertad, de espíritu y de cuerpo. Para él está siendo una «experiencia maravillosa poder trabajar de esa manera y servir a un mundo que necesita tanto amor y que necesita de personas que desinteresadamente entreguen sus vidas para la redención de las almas».

Fray José Alejandro Tribiño con el hábito de la Merced.

Los obispos de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada con su lema “Aquí estoy, Señor, hágase tu voluntad” incluyen la plegaria evangélica con la actitud de quien se sabe llamado por Dios. Subrayan, que de este modo, la persona consagrada puede decir con plena conciencia y libertad: «¡Aquí estoy!». Más aún, quieren señalar que el «¡Aquí estoy!», con toda su fuerza, se convierte en «¡Aquí estamos!». No solo porque donde un cristiano dice «yo» está diciendo «nosotros», sino porque el nosotros eclesial y de Vida Consagrada del momento que vivimos nos invita a ofrecernos y disponernos a buscar, procurar y hacer la voluntad divina como comunidad, dentro del pueblo de Dios en camino, afirman en su mensaje de este año. Algo que saben muy bien en nuestras comunidades contemplativas como la Congregación de Marta y María, instalada en la localidad de Bisimbre, en la diócesis de Tarazona. Desde hace cuatro años, las cinco hermanas que habitan este cenobio con el nombre de Casa de María de Letanía viven la oración como un acto de amor comunitario. La Hna. Reina Esperanza recuerda que viven «una misión muy especial como es interceder y prestar ayuda espiritual a la comunidad». Tal y como nos recuerda la plegaria de este domingo, «el “Hágase tu voluntad!”, encierra un compromiso profético para “Una Iglesia sinodal en misión”. Porque cada persona consagrada “recibe el amor y la llamada del Señor y su respuesta de amor y disponibilidad es, a la vez, individual y comunitaria”». La Hna. Reina sabe que «la Iglesia necesita recobrar esa escucha de María y esparcir ese amor», nos dice. 

Una visión que comparte la hermana Mª Luz Yanchatipán, que hizo este verano su profesión simple para solicitar su admisión en la familia de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, en el Monasterio de Nuestra Señora de la Encarnación de Huesca. «Me he incorporado a esta familia carmelita para que, con la gracia del Espíritu Santo, pueda alcanzar la caridad perfecta viviendo al servicio de Dios y de la Iglesia”.

Profesión simple de la hermana Mª Luz Yanchatipán, el pasado verano.

ejemplos de santidad

Esta generación de jóvenes va tomando el testigo de quienes se van despidiendo tras una vida entregada a la oración y al servicio a la comunidad. En el monasterio de Santo Domingo de Guzmán, de Zaragoza, celebran esta semana los 100 años de sor Asunción. Esta dominica nos dice que a lo largo de su vida ha aprendido a ser «más humilde, más santa y más cariñosa con todos». Después de un siglo de vida, su principal preocupación es la santidad de su comunidad, por la que sigue orando incesantemente, nos dice mientras una gran sonrisa ilumina su rostro.