Wenceslao Belem es un sacerdote diocesano de Burkina Faso que ahora se encuentra en España en un período de descanso mientras estudia una especialización en Jurisprudencia canónica en la universidad de Navarra. Él va a participar hoy lunes 22 de enero a las 19.30 horas en la mesa redonda «Ecumenismo, Misión, Persecución» que ha organizado la delegación de Ecumenismo para celebrar la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos en Zaragoza. Esta ha sido la entrevista que tuvo lugar en el Espejo de la Iglesia en Aragón de COPE Zaragoza el viernes 19 de enero.


Wenceslao, vas a participar en la mesa redonda «Ecumenismo, Misión, Persecución». Cuéntanos alguna de las ideas que vas a aportar en esta mesa.

Primero voy a situar el contexto de Burkina Faso, contexto actual de persecución con el terrorismo. Y en ese contexto en el que Burkina Faso atraviesa una situación muy difícil, cómo intentamos vivir nosotros el ecumenismo como misión eclesial. También contaré lo que hacemos concretamente con nuestros hermanos cristianos de otras iglesias para asegurar la paz social, una convivencia, un diálogo inclusivo. Y finalmente, los desafíos actuales para Burkina Faso, para África y para el mundo.

¿Cuál es tu día a día como sacerdote diocesano en Burkina Faso?
Cuando yo estaba ahí era párroco y canciller de la diócesis y trabajaba también en el tribunal diocesano.
En la parroquia hay un grupo de ecumenismo y con eso intentamos cada vez sensibilizar sobre el tema. Y cada día en la parroquia los sacerdotes están en los despachos para recibir a la gente. Aquí somos numerosos también y la gente viene de ocho a dos y por la tarde de las tres a las cinco para una dirección espiritual, para hablar con el sacerdote sobre temas bíblicos, para entender mejor alguna homilía. Así que vienen al despacho para preguntar, entender y discutir. También siempre hay a sacerdote cada semana disponible para el sacramento de la unción de los enfermos y siempre uno en el despacho para recibir a la gente. Los fines de semanas estamos disponibles para confesiones y el domingo, cada uno va a los pueblos para las misas y visita a las familias cristianas

Háblanos del origen de tu vocación. ¿Cómo y cuándo viste esa llamada de Dios para ser sacerdote diocesano?
Yo diría que mi suerte es que mis padres fueron catequistas. En Burkina Faso los catequistas son un matrimonio que va a un centro de formación durante cuatro años. Luego se les manda a los pueblos donde los sacerdotes no pueden ir a menudo a celebrar misa para que hagan las celebraciones en ausencia de sacerdote. También dan catequesis y ayudan a preparar a la gente. Mis abuelos maternos fueron también catequistas. Por tanto había en mi familia una buena relación con los misioneros que venían a menudo a charlar con nosotros en familia y también a animarnos para la vocación. Mi vocación empezó ahí, yo también quería anunciar la buena noticia. Primero fui monaguillo y después sacerdote. En todo este proceso me acompañó un padre blanco a discernir mi llamada al sacerdocio. A él le estoy muy agradecido también.

Wencesalo, supongo que habrás notado un choque cultural importante entre España y tu tierra natal. ¿Qué es lo que más te llama la atención de la cultura y de la Iglesia en España? Mójate, mójate..
Bueno, primero mi primera impresión es que España tiene valores cristianos. Se nota que España fue un país católico y mariano. Hay un fondo espiritual que está. Veo también que hay muchas iglesias, muchas iniciativas, sobre todo las procesiones, que a mí me gustan mucho, durante la Semana Santa, también el día de los Reyes, las fiestas de la Virgen María. Yo hago fotos para mandar en mi país, que les encantan. En África se nos dice que la fe está muerta en Europa, pero yo veo que no es así. Vemos imágenes que demuestran que la Europa es la madre de la Iglesia católica para nosotros.

Veo también que hay muchas iglesias, casi cada pueblo es una parroquia. En mi país la parroquia está en el centro de las ciudades y los demás pueblos alrededor forman parte de la parroquia. Los sacerdotes viven en comunidad, se organizan para celebrar las misas en los pueblos los domingos o hacer la catequesis los jueves o visitar a las familias en los pueblos. Pero aquí es distinto, se nota también que la Iglesia se adapta al tiempo, las actividades actuales y el ambiente social.

Veo también que no siempre las iglesias están llenas. En cambio en mi país siempre lo están, cantamos y bailamos mucho. Eso también es una diferencia. Pero en fondo yo noto que hay puntos comunes, los valores humanos, cristianos, católicos y también una alta fraternidad.

¿Cuál dirías que es el tesoro de la fe europea? ¿Qué es lo que te llevarías a África?
Lo que yo me llevaría allí es la fraternidad. Porque noto que los cristianos son fraternos, solidarios, con una apertura hacia los demás. Al ser extranjero fuera de mi país, yo veo que es algo fundamental. En el ámbito espiritual, me gustaría imitar las procesiones, hacerlas en mi país, porque me gustan mucho y forman parte del anuncio de la palabra de Dios a la gente. Todo el mundo viene a mirar, a ver, sean católicos, protestantes o musulmanes, salen y todo el mundo participa. Eso me ayuda mucho y me da mucha alegría.