Un solo cuerpo, un solo espíritu, una sola esperanza – Carta del obispo de Tarazona del domingo, 18 de enero

Vicente Rebollo Mozos
16 de enero de 2026

Como cada año, todos los seguidores de Jesús dedicamos la semana del 18 al 25 de enero para rezar por la unidad de los cristianos. Nunca será suficiente el tiempo que dediquemos a pensar, reflexionar, orar y buscar, en la medida de nuestras fuerzas, la unidad entre todos los creyentes que llevamos el apellido de cristianos.

Este año que ha terminado hemos celebrado en 1.700 aniversario del primer concilio ecuménico, es decir, de todos los seguidores de Cristo, el concilio de Nicea, llamado así porque se celebró en esa ciudad que actualmente pertenece a Turquía. Para conmemorar este aniversario, tuvimos una oración ecuménica en Madrid, los obispos de las diócesis españolas con responsables de otras iglesias cristianas. Como muesttra de la división que se ha producido entre los cristianos es que, a la hora de rezar el credo, tuvimos que cambiar una frase, no dijimos que “el Espíritu Santo procede del Padre del Hijo” como rezamos habitualmente. La razón, es que la introducción de esta expresión “y del Hijo”, motivó, además de otras causas, el cisma entre católicos y ortodoxos el año 1054. El otro gran cisma se produjo en el siglo XVI, cuando apareció la reforma protestante y las múltiples iglesias que surgieron a la luz de este hecho. Y así seguimos, separados. Fue un gran testimonio esta oración Ecuménica, un gesto que se debe repetir, hasta que se consiga la gran petición de Jesús en su oración despedida, “Padre que todos sean uno

Reconocemos que la unidad es un don de Dios, que el corazón de los creyentes es tan débil, que sólo con la ayuda de Dios podremos caminar en unidad. Es el Espíritu, “un solo Espíritu” el que nos puede ayudar a alcanzar este don. Todos coincidimos que hay “un solo cuerpo”, el de Cristo, “una sola esperanza”, la de la vida eterna. Los caminos para alcanzarlos son diversos, pero ello no es motivo para la división, para vernos distintos o mejores los unos de los otros.

Hay dos aspectos a tener muy presentes en esta tarea de alcanzar la unidad, no es una opción, sino una vocación a la que Dios nos llama y el Espíritu nos capacita para conseguirlo. En segundo lugar, que esto no se consigue sin la conversión de nuestro corazón, aceptando la diversidad y la verdad que hay en los demás. Todos nos sentirnos llamados a recordar que en Cristo formamos un solo cuerpo, que tenemos una misma esperanza que se fortalece en el caminar juntos como pueblo de Dios, hermanos unos de otros, alimentada por la caridad. La unidad nace como un don de Dios en los creyentes, se vive, se hace realidad y crece en el amor fraterno y comunitario.

Siempre es más lo que nos une que lo que nos separa, pero tendemos a acentuar nuestras diferencias y a verlas como insalvables. Esta semana estamos llamados a la oración para buscar la unidad, para fijarnos en lo bueno que hay en el otro, para ver que somos un único cuerpo de seguidores de Jesús, para sentirnos unidos en la única esperanza. Recemos con un poco más intensidad estos días.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Compartir
WhatsApp
Email
Facebook
X (Twitter)
LinkedIn

Noticias relacionadas