Sor Maricruz, vicaria de las Clarisas Franciscanas de Tauste, reflexiona sobre el valor de la vida contemplativa. La Iglesia celebra la Jornada Pro Orantibus. El Monasterio de San Jorge abre sus puertas en un año clave para la familia franciscana.
La Iglesia dedica la solemnidad de la Santísima Trinidad a las comunidades de vida contemplativa con la Jornada Pro Orantibus. David López, responsable encargado de la Oficina de Medios de la Archidiócesis de Zaragoza, conversa con Sor Maricruz en el programa El Espejo de COPE Zaragoza. Ella es la vicaria del Monasterio de San Jorge en Tauste. En este recinto habitan las hermanas clarisas franciscanas.
Salud comunitaria y jubileo franciscano
Las comunidades de vida contemplativa acusan la falta de vocaciones y el envejecimiento. A pesar de los achaques y la despoblación, la comunidad de Tauste mantiene la salud y la alegría. Este año resulta clave para ellas. La familia franciscana conmemora los 800 años de la muerte de San Francisco. Las hermanas llevan tres años de preparación para esta fecha. Han celebrado el centenario del nacimiento en Greccio, las llagas del santo y el Cántico de las Criaturas.
Una vida entregada al Señor
«Vida contemplativa, por quién eres». Este es el lema de la jornada. La sociedad actual rara vez se detiene a pensar en la identidad profunda del ser humano. Sor Maricruz lo tiene claro. La vida en clausura carece de sentido sin su dedicación total a Dios. Las religiosas centran su existencia en la alabanza y la oración. Su labor sostiene a quienes trabajan en el apostolado o en las exigencias de la rutina diaria. La oración en el monasterio es un pilar de apoyo para todo el mundo. Durante la jornada, las hermanas siguen la liturgia propuesta por la Conferencia Episcopal, participan en la misa y atienden a las personas que contactan con ellas para pedir oración.
Juventud, vocación y esperanza
En la actualidad, la comunidad cuenta con seis monjas. El número ha descendido por el fallecimiento de algunas hermanas y la ausencia de nuevos ingresos. Ante este panorama, el remedio es persistir con fe.
La vicaria lanza un mensaje directo a las jóvenes con inquietudes vocacionales. «Que vengan y vean». El monasterio permite estancias de convivencia. Las mujeres pueden compartir unos días en la casa para conocer este estilo de vida desde dentro y disipar dudas. El temor ante lo desconocido acompaña siempre a los primeros pasos de la llamada. El proceso cuenta con tiempo de sobra para reflexionar en paz.
Sor Maricruz despide la entrevista con unas célebres palabras de San Francisco. Él cumplió su tarea, ahora nos toca a nosotros cumplir la nuestra. Cada persona debe asumir su misión con entrega desde su propio lugar.