«Pon tu vida en modo amor»

El camino de Adviento que nos ha llevado a la Navidad ha estado lleno de encuentros fraternos. Comenzamos con un retiro junto a CONFER, acompañado por tres mujeres que nos acercaron desde una mirada nueva al corazón de otra mujer, María de Nazaret, descubriéndolo habitado de Dios, de silencio, de esperanza y de nombres y rostros, contrastándolo con el corazón del hombre y la mujer de hoy, con nuestro propio corazón.

Y en comunidad seguimos celebrando los Encuentros de Oración de Adviento: Os anunciamos una gran noticia: viene el Señor y con Él viene la alegría, la justicia, la paz, la cercanía; lo que el mundo está necesitando y lo que los cristianos proclamamos, en los misterios de la Natividad del Señor, es la cultura del cuidado y del encuentro, la “revolución de la ternura”. Compartieron oración en Villafranca del Campo, con todo el arciprestazgo de Calamocha, en la parroquia de San José de Teruel, en la Junta de Hermandades y en algunos grupos de vida parroquiales.

Y así, bien preparadas, en el salón parroquial de Santa Emerenciana, el pasado domingo, mayores, jóvenes, niños y niñas celebramos con una gran fiesta que hace más de dos mil años Dios decidió hacerse uno de nosotros para estar más cerca y que lo pudiésemos acoger, para eso debíamos poner nuestra vida en modo amor. Y es lo que nos propusimos: despertamos al corazón con los villancicos del coro de Santa Emerenciana y lo pusimos en modo atento para escuchar la historia que representaron, con gran talento, unos chicos y chicas de las parroquias de San Andrés y Santa Emerenciana, que nos recordó que Jesús se hace presente en muchas situaciones y personas, especialmente en las más vulnerables. Una de esas situaciones en las que se nos revela nos la descubrió sor Amparo, Hija de la Caridad, que nos explicó la encomiable labor que su comunidad lleva a cabo en Teruel con mujeres migrantes que llegan a nuestro país huyendo de la violencia, el hambre, las injusticias… y tuvimos la oportunidad de colaborar un poco con este proyecto. Acabamos alrededor de una mesa compartida con bizcocho y chocolate.

Terminada la fiesta volvimos a nuestros quehaceres diarios, pero de un modo distinto, con un corazón y un espíritu nuevos, para entre todas y todos hacer extraordinario este tiempo ordinario. Que así sea.

Acción Católica General de Teruel y Albarracín