Pecadores sí, corruptos no

Jesús Moreno
29 de enero de 2026

«Pecadores sí, corruptos no». El Papa Francisco repetía, con cierta frecuencia, esta frase. Aunque más que hablar de la corrupción, hablaba de los corruptos, cuya «doble vida» les hace semejantes «a una podredumbre barnizada».

En alguna ocasión, la reflexión del Papa partió de la lectura de un pasaje del evangelio de san Lucas (17, 1-6): «Si tu hermano te ofende, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo. Si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: “me arrepiento”, lo perdonarás».

«Cuando leo este pasaje —confesó— veo siempre un retrato de Jesús. Lo hemos escuchado muchas veces: Él no se cansa de perdonar. Y nos aconseja hacer lo mismo». Francisco se centraba a veces en la figura del pecador que pide perdón, pero que, estando incluso verdaderamente arrepentido, cae una vez más y cae más veces en el pecado. Él «se arrepiente, pero no puede salir de esto; es débil”.

Es la debilidad del ser humano. Está la buena voluntad, pero está también la debilidad y «el Señor perdona». La única condición es «ir a Él y decir: “He pecado, perdóname. Quisiera no hacerlo más, pero soy débil”. Éste es el pecador». Y la actitud de Jesús es siempre la del perdón.

En el Evangelio hay otro episodio en el que Jesús dice: «¡Ay de quien provoca escándalos!» (Lucas 17,1-6). Jesús, explicó Francisco, «no habla del pecado sino del escándalo», y dice: «Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado».

El Papa se preguntó: «¿Pero qué diferencia hay entre pecar y escandalizar? ¿Qué diferencia hay entre pecar y hacer algo que provoca escándalo y hace mal, mucho mal?». La diferencia, dijo, es que «quien peca, se arrepiente y pide perdón, se siente débil, se siente hijo de Dios, se humilla y pide la salvación de Jesús. Pero quien provoca escándalo no se arrepiente y sigue pecando, fingiendo ser buena persona. Es como si viviera «una doble vida» y, agregó, «la doble vida de un cristiano hace mucho mal».

Francisco puso como ejemplo a quien mete la mano en el bolsillo y hace ver que ayuda a la Iglesia mientras que con la otra roba «al Estado, a los pobres». Este «es un injusto» para quien hubiera sido mejor —«y no lo digo yo sino Jesús», subrayó el Papa— que le pusieran una piedra de molino y lo tirasen al mar. No se habla aquí de perdón, «porque esta persona engaña», dijo el Papa haciendo luego referencia al libro de la Sabiduría (1, 1-7), donde se lee: «El espíritu educador y santo huye del engaño, se aleja de los pensamientos necios y es ahuyentado cuando llega la injusticia» (v. 5).

«Donde hay engaño -comentó el Papa Francisco- no está el Espíritu de Dios. Ésta es la diferencia entre pecador y corrupto. Quien hace una doble vida es un corrupto. Quien peca, en cambio, quisiera no pecar, pero es débil y se encuentra en una condición en la que no puede encontrar una solución, pero va al Señor y pide perdón. A éste el Señor le quiere, le acompaña, está con él. Y nosotros debemos decir, todos nosotros que estamos aquí: pecadores sí, corruptos no». Los corruptos, explicó una vez más el Papa, no saben lo que es la humildad. Jesús los compara con los sepulcros blanqueados: bellos por fuera, pero por dentro están llenos de podredumbre. «Y un cristiano que presume de ser cristiano, pero no vive como cristiano —destacó— es un corrupto».

Todos conocemos a alguien que «está en esta situación y todos sabemos cuánto mal hacen a la Iglesia los cristianos corruptos, los sacerdotes corruptos. ¡Cuánto mal hacen a la Iglesia! No viven en el espíritu del Evangelio, sino en el espíritu de la mundanidad (palabra, idea muy repetida por Francisco. Y san Pablo lo dice claramente a los romanos: No os amoldéis a este mundo (cf. Rm 12, 2). Es decir: no entrar en los esquemas de este mundo, en la ideología de este mundo, porque esta mundanidad lleva a una doble vida».

El Papa dijo: «Una podredumbre barnizada: ésta es la vida del corrupto. Y Jesús a éstos no les llamaba sencillamente pecadores. Sino que les decía hipócritas». Jesús, recordó una vez más Francisco, perdona siempre, no se cansa de perdonar. La única condición que pide es que no se quiera seguir esta doble vida: «Pidamos hoy al Señor huir de todo engaño, de reconocernos pecadores. Pecadores sí, corruptos no».

Tema y reflexión muy oportunas siempre, siempre, siempre. ¿Hay mucha corrupción hoy conocida y, muy pocas veces, castigada? Y la corrupción oculta y ocultada, ¿es mayor que la conocida?

Todos, todos, todos debemos preguntárnoslo. Por si acaso tenemos algo de corrupción en nuestro corazón o en nuestros hechos.

Porque la corrupción, para beneficio propio o de los nuestros, parece que es muy atractiva. Por su frecuencia.

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