Día del Seminario: Pastores para una Iglesia del siglo XXI

El Día del Seminario se celebra este año bajo el lema «Padre, envíanos pastores». Iglesia en Aragón ha charlado con algunos de estos nuevos «pastores» que hoy se forman en el Seminario de Zaragoza, un centro que vive una particular primavera, con la incorporación de 12 nuevos seminaristas este curso. Ahora mismo, hay 5 seminaristas menores -4 de Zaragoza y 1 de Tarazona- y 20 mayores -14 de Zaragoza, 3 de Huesca, 1 de Teruel, 1 de Tarazona y 1 de Barbastro.

En la reflexión teológica, que se incluye entre los materiales del día del Seminario de este año, se explica el significado del lema de esta jornada «Padre, envíanos pastores». En el texto se señala cómo debe ser un buen pastor en la Iglesia. Los verbos «ver y compadecerse, configuran a Jesús como el Buen pastor. Su compasión no es solo un sentimiento humano, sino fruto de la ternura de Dios hecha carne. Y de esta compasión nace el deseo de Jesús de nutrir a la multitud con el pan de su palabra. O sea, enseñar la Palabra de Dios a la gente. Jesús ve; Jesús tiene compasión; Jesús enseña». 

Nuestros seminaristas en el patio del Seminario de Zaragoza.

Mucho ha llovido ya desde que nuestras diócesis aragonesas decidieron agrupar a todos los aspirantes al sacerdocio en un solo centro de formación espiritual, humana y teológica.  Hoy, entre las paredes del Seminario Metropolitano de Zaragoza conviven 20 estudiantes, la mayoría jóvenes cuyos caminos se han encontrado en este momento de la historia tan poco propicio para las vocaciones sacerdotales. «No es tan fácil», nos dice Juan Gavín, de 23 años, que acaba de empezar el curso justo cuando termina ahora la carrera de ADE y Derecho. «Cuando me vino la idea, la rechacé de plano. Tenía otros planes. Empecé a salir con una chica. Pensaba en formar una familia… Pero sentía la llamada con insistencia y le pedí a Dios que fuera más claro». Fue entonces, hace dos años, cuando en una peregrinación a Asís descubrió con claridad su vocación. «Cuando dije que sí, sentí una paz enorme», nos dice rememorando el momento en que hizo pública su decisión de entrar en el Seminario. A su lado, está Jesús Zamora, un joven navarro que, en su caso, sintió la vocación siendo niño. «Desde muy pequeño tuve claro que era uno de esos “elegidos”, como dice el Evangelio», explica mientras conversa sobre su estancia en el Seminario. «Me siento como en casa. Somos como una familia. Si tienes cualquier problema, aquí están ellos para ayudarte». En eso, coincide también Rafael Blanco, quien valora esta jornada de oración por las vocaciones y los seminaristas como una llamada también a estar junto a ellos. «Esta tarea requiere de que nos sintamos acogidos». 

Los seminaristas utilizan la biblioteca del CRETA para su estudio y formación.

EL DON DEL TESTIMONIO

Estos nuevos pastores están llamados a mostrar el Evangelio «con su testimonio», nos recuerdan este año desde la Subcomisión Episcopal para los Seminarios. Para Lucas Barch, se trata del mayor desafío al que se enfrentan hoy los sacerdotes: «ser tú el rostro de Cristo para los demás. La gente escucha a diario noticias negativas de la Iglesia, de los sacerdotes. Tenemos ese reto, que vean en nosotros a Jesucristo», subraya este joven brasileño que llegó a España tras un proceso de discernimiento cuando ya su fe estaba apagándose. «Me ocurrió lo que les ocurre a muchos jóvenes cuando terminan la catequesis de Confirmación. Ya había terminado mis estudios de Administración y me encontraba trabajando. Pero me volví al Señor y sentí que me llamaba a esta misión». En este sentido, su compañero Juan Gavín insiste en la importancia del papel de los seminaristas. «No es sólo el testimonio que aportamos como jóvenes “normales” que han decidido ser sacerdotes. También animamos a otros jóvenes a ser cristianos, que no consiste en autoflagelarse sino en aspirar a ser felices». 

PEDID PASTORES (“CON OLOR A OVEJA”)

El papa Francisco viene pidiendo desde 2013 «pastores con olor a oveja. Pastores en medio de su rebaño», en una clara referencia a trabajar en las periferias. Para Isaí Zarza, buen conocedor de la realidad rural turolense, «es muy importante llegar a toda la comunidad, conocer a las personas, salir a su encuentro y dejarse también enseñar por los demás».