Obras que iluminan

Pedro Escartín
8 de febrero de 2026

Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del V domingo del tiempo ordinario – A – (08/02/2026)

El Evangelio de este domingo (Mt 5, 13-16) sigue recordándonos el sermón del monte, cuya lectura se inició el domingo pasado. También se nos ha dicho que prestemos atención a la primera lectura (Is 58, 7-10), porque las palabras del profeta precisan cuáles son las obras con las que llegamos a ser la luz del mundo como Jesús nos ha pedido en el Evangelio. Todo me ha parecido perfecto y claro, pero lo he oído tantas veces que siento el temor de dejarme vencer por el aburrimiento que producen los mensajes reiterados. He de comentar esto con Jesús, que ahora mismo asoma por la puerta, y le pediré que me proporcione algún remedio para contrarrestar ese cansancio…

– Me parece que, con tu mirada, me estás diciendo que algo te preocupa -me ha dicho cuando se ha plantado delante de mí-. ¿Me equivoco?

– ¡Qué vas a equivocarte! -he respondido con intención de sincerarme-. He oído tantas veces el mismo mensaje: “vosotros sois la sal…, vosotros sois la luz”, que ya no me sorprende y temo no tomarlo en serio. ¿Qué puedo hacer?

Mientras yo hacía esta confesión, he recogido los cafés que ya estaban preparados; Jesús me ha indicado que me sentara junto a él y después del primer sorbo ha empezado a responderme:

– No me sorprende que te canses de escuchar muchas veces las mismas recomendaciones; no es culpa tuya, sino del riesgo de ser humanos: os gusta oír mensajes nuevos sin preguntaros si ya estáis empapados del mensaje anterior y si lo habéis llevado a la práctica. Por eso tenéis que volver a escuchar muchas veces lo que es substancial. ¿En cuántas ocasiones dije a los Doce que el que quisiera ser el mayor se hiciera el servidor de todos, y, según Lucas, hasta en mi Última Cena “hubo un altercado entre ellos sobre quién parecía ser el mayor” y una vez más tuve que recordarles que “yo estoy en medio de vosotros como el que sirve” (Lc 22, 24-27)?

– Mejor será que no sigas, porque me hago cargo de que el problema está en que yo me aplique a secundar tu mensaje y no en que me lo recuerden. Por cierto, que para ser “sal” y “luz” en un mundo en el que cada uno se preocupa de sí mismo por encima de todo, las palabras de la primera lectura -“parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo…”- son muy oportunas. Se nos tendrían que repetir muchas veces, aun a riesgo de cansarnos.

– ¿Y qué otra cosa está haciendo mi Vicario, el papa León? ¿No te has dado cuenta de que, siguiendo la estela de Francisco, os viene recordando que en la carne sufriente de los pobres os encontráis conmigo? ¿No has leído su primera exhortación apostólica, dedicada íntegramente a impulsar el amor hacia los pobres en todo el pueblo cristiano?

– Sí la he leído, y creo que tendría que ser de obligada meditación para todo hombre o mujer de buena voluntad. Pone el dedo en una de las llagas de nuestra cultura: mientras se considera “normal” que tener más dinero o mejor estatus social, creyendo que “pasándolo bien” o “viviendo bien” seremos más felices, el papa León se atreve a impulsar un cambio de mentalidad y a decirnos que los pobres no son un problema social, sino una cuestión familiar, porque “son de los nuestros”. Si sus palabras se toman en serio, ponen en crisis tanto a muchos cristianos como al mundo burgués…

– Pues ahí te quedan los “deberes” para que consigas ser “sal” y “luz” sin aburrirte -me ha dicho sonriendo intencionadamente, al recordar mis primeras palabras en la tertulia de hoy-.

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