El párroco ha recordado que mañana es la fiesta de la Presentación del Señor o “la Candelera”, como decimos habitualmente en esta tierra nuestra. Y nos ha advertido que “la Candelera” concuerda con las lecturas propias de este domingo, el cuarto del Tiempo Ordinario. Jesús fue presentado en el Tempo como «luz» para que Israel descubriera el plan que Dios tenía sobre él (de ahí el simbolismo de las candelas) y como «gloria» del pueblo que esperaba su definitiva restauración. Yendo hacia la cafetería, rumiaba yo estas consideraciones, cuando he visto llegar a Jesús; le he esperado y hemos entrado juntos en el bar al tiempo que le he dicho:
– ¡Qué fuertes son las lecturas de la Misa de hoy! La segunda nos dice que Dios prefiere lo despreciable del mundo más que lo que cuenta (1 Co 1, 16-31) y el evangelio proclama bienaventurados a los pobres (Mt 5, 1-12). ¿Quién va a tomarlas en serio en estos tiempos? Son absolutamente contraculturales.
– No sé por qué te sorprendes -me ha dicho Jesús después de recoger nuestros cafés y de acomodarnos en una mesa-. Francisco, mi anterior Vicario en la tierra, en su exhortación sobre la “llamada a la santidad en el mundo actual”, escribió que las bienaventuranzas no son escritos románticos. Ya sabes que los poetas del romanticismo tenían una especie de “debilidad” por lo triste y lo melancólico, y lo exaltaban en sus escritos, pero Francisco os dijo que, «aunque mis palabras puedan pareceros poéticas, sin embargo van muy a contracorriente con respecto a lo que se hace en la sociedad», y añadió que solo podréis vivirlas «si el Espíritu Santo os invade con toda su potencia y os libera de la debilidad del egoísmo, de la comodidad, del orgullo».
En vista de que la conversación tomaba visos de ahondar hasta las entretelas del mi alma, he tomado un sorbo de café y, tratando de airear el clima, le he dicho:
– Pero así no va a ser fácil que hoy día la gente vaya tras de ti.
– Tampoco ha sido fácil en otros momentos de la historia. Recuerda lo que has escuchado en la segunda lectura: «Dios ha escogido a lo que no cuenta para anular a lo que cuenta». Es lo que estaba ocurriendo en la comunidad de Corinto. El Apóstol les recordó: «Fijaos en vuestra asamblea: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios».
– A veces, el Padre parece un revolucionario: escoge a los que no cuentan, llama bienaventurados a los pobres -he dicho apurando mi café-. Aquellos cristianos debían ser de otra pasta…
– No es un revolucionario. Sólo busca que os gloriéis en Él y no en vosotros mismos, ya que su proyecto de salvación es pura gracia: Llama bienaventurados a los pobres porque, la novedad de Dios sólo llega a entrar en los que tienen un corazón pobre, como os dijo Francisco. Y, si estas cosas te parecen arduas, no olvides que el Espíritu Santo derrama sus siete dones según la fe de sus siervos, tal como reza un himno de la liturgia. En su carta, el Apóstol escribió que «a él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios».
– Ya veo que he de ponerme al día -he dicho recogiendo mis guantes y bufanda-. Hoy el café ha estado cargado, pero ha merecido la pena.
– Pues no dejes de anunciar a otros lo que has visto y oído -me ha dicho sonriendo-.
Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios (1, 26-31).
Hermanos: Fijaos en vuestra asamblea: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor. A Él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención. Y así, como está escrito, el que se gloríe, que se gloríe en el Señor.
Palabra de Dios.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo (5, 1-12).
Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».
Palabra del Señor.