“No se trata sólo de migrantes” (1)

Vuelvo a recordar: “Septiembre se mueve entre dos fechas, dos recuerdos que nos interpelan y nos provocan a cambios radicales”. Así escribía en mi colaboración del primer miércoles de septiembre. 1 de septiembre, Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación. 29 de septiembre, Jornada Mundial por el Migrante y del Refugiado.

Ambas realidades: incendios en España, en la Amazonía y emigrantes del Opem Arms, del Ocean Viking y otros, fueron dos grandes y tristes noticias de este verano. Contra la naturaleza y contra los emigrantes forzados. “Septiembre por la vida” está siendo mi pequeña aportación guiada por los mensajes del Papa Francisco para estas dos jornadas. La letra cursiva son citas del mensaje del Papa.

“No se trata sólo de migrantes” es el mensaje del Papa que parte de esta constatación: “Las sociedades económicamente más avanzadas desarrollan en su seno la tendencia a un marcado individualismo que, combinado con la mentalidad utilitarista y multiplicado por la red mediática, produce la “globalización de la indiferencia”. En este escenario, las personas migrantes, refugiadas, desplazadas y las víctimas de la trata, se han convertido en emblema de la exclusión porque, además de soportar dificultades por su misma condición, con frecuencia son objeto de juicios negativos, puesto que se las considera responsables de los males sociales. La actitud hacia ellas constituye una señal de alarma, que nos advierte de la decadencia moral a la que nos enfrentamos si seguimos dando espacio a la cultura del descarte”.

Frente a esta reacción negativa, “la presencia de los migrantes y de los refugiados, como en general de las personas vulnerables, representa hoy en día una invitación a recuperar algunas dimensiones esenciales de nuestra existencia cristiana y de nuestra humanidad, que corren el riesgo de adormecerse con un estilo de vida lleno de comodidades”.

Bien planteado el tema de los emigrantes, este hecho nos enriquece a todos. En realidad, no hay ningún pueblo en el mundo que no sea el resultado de pasadas emigraciones e intercambios, violentos a veces, pacíficos, otras. Por eso, “’no se trata sólo de migrantes’ significa que, al mostrar interés por ellos, nos interesamos también por nosotros, por todos; que, cuidando de ellos, todos crecemos; que, escuchándolos, también damos voz a esa parte de nosotros que quizás mantenemos escondida porque hoy no está bien vista”. Sin duda, la parte mejor de nuestro ser humano que ocultamos por cobardía, por comodidad o por simple debilidad, puede ser despertada y reanimada por la realidad de la emigración, vivida con humanidad.

Francisco nos invita a reflexionar sobre estos aspectos concretos:

1.- “No se trata sólo de migrantes, también se trata de nuestros miedos. […] Y esto se nota particularmente hoy en día, frente a la llegada de migrantes y refugiados que llaman a nuestra puerta en busca de protección, seguridad y un futuro mejor. […] El problema no es el hecho de tener dudas y sentir miedo. El problema es cuando esas dudas y esos miedos condicionan nuestra forma de pensar y de actuar hasta el punto de convertirnos en seres intolerantes, cerrados y quizás, sin darnos cuenta, incluso racistas. El miedo nos priva así del deseo y de la capacidad de encuentro con el otro, con aquel que es diferente; nos priva de una oportunidad de encuentro con el Señor”.

2.- No se trata sólo de migrantes: se trata de la caridad. Y la mayor caridad es la que se ejerce con quienes no pueden corresponder y tal vez ni siquiera dar gracias. Lo que está en juego es el rostro que queremos darnos como sociedad y el valor de cada vida […]. El progreso de nuestros pueblos […] depende sobre todo de la capacidad de dejarse conmover por quien llama a la puerta y con su mirada” …, contemplada con verdad y sinceridad por todos nosotros, nos ayuda a superar “todos los falsos ídolos… que prometen una aparente y fugaz felicidad, construida al margen de la realidad y del sufrimiento de los demás”.

3.- “No se trata sólo de migrantes: se trata de nuestra humanidad. Lo que mueve al samaritano (de la parábola, Lc 10,33), un extranjero para los judíos, a detenerse, es la compasión, un sentimiento que no se puede explicar únicamente a nivel racional. La compasión toca la fibra más sensible de nuestra humanidad, provocando un apremiante impulso a “estar cerca” de quienes vemos en situación de dificultad. Como Jesús mismo nos enseña, sentir compasión significa reconocer el sufrimiento del otro y pasar inmediatamente a la acción para aliviar, curar y salvar. Sentir compasión significa dar espacio a la ternura que a menudo la sociedad actual nos pide reprimir. «Abrirse a los demás no empobrece, sino que más bien enriquece, porque ayuda a ser más humano”.

4.- “No se trata sólo de migrantes: se trata de no excluir a nadie. El mundo actual es cada día más elitista y cruel con los excluidos. Los países en vías de desarrollo siguen agotando sus mejores recursos naturales y humanos en beneficio de unos pocos mercados privilegiados. Las guerras afectan sólo a algunas regiones del mundo; sin embargo, la fabricación de armas y su venta se lleva a cabo en otras regiones, que luego no quieren hacerse cargo de los refugiados que dichos conflictos generan. Quienes padecen las consecuencias son siempre los pequeños, los pobres, los más vulnerables, a quienes se les impide sentarse a la mesa y se les deja sólo las “migajas” del banquete (cf. Lc 16,19-21).  […] El desarrollo exclusivista hace que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres. El auténtico desarrollo es aquel que pretende incluir a todos los hombres y mujeres del mundo, promoviendo su crecimiento integral, y preocupándose también por las generaciones futuras”.

No termina aquí el mensaje. Sí, el espacio de esta colaboración. Impactado por estos mensajes de Francisco radicalmente cristianos, valientes, proféticos, que escuecen cuando se leen sin ojeras ideologizadas y satisfechas con el propio y social egoísmo, quiero simplemente colaborar a su mayor conocimiento y difusión. Así que continuaré en la próxima colaboración. Y si este resumen lleva a alguno de vosotros a leer el mensaje completo, miel sobre hojuelas. “Si a las hojuelas, que ya están muy ricas espolvoreadas con azúcar, les cambiamos ese azúcar por miel, las hacemos doblemente buenas”.