Los alumnos del curso de conservación preventiva llevan a cabo un plan en este campo para el Palacio Episcopal

Durante toda esta semana, del 1 al 5 de julio, el Palacio Episcopal de Tarazona ha acogido un Curso práctico de Conservación Preventiva gracias a la colaboración entre el Instituto de Patrimonio Cultural de España y la Fundación Tarazona Monumental.

Que el curso se haya realizado en el Palacio Episcopal no es casual ya que su objetivo principal ha sido la realización de un Plan de Conservación Preventiva para el edificio que sirva de referencia para posteriores trabajos, es decir, un documento que plasme todo lo que hay que hacer en un bien cultural para que no se deteriore, lo haga más despacio o no haga falta realizar ninguna intervención.

Para ello los alumnos se han dividido en grupos y se han repartido las tareas para ver el estado en el que se encuentra el Palacio, tener una visión de conjunto de cómo se encuentra y a partir de ahí elaborar las cuatro fases que son necesarias en un plan de conservación preventiva: documentación, identificación de riesgos, diseño de procedimientos e implantación y la verificación.

La conservación preventiva todavía no está muy implantada en nuestro país. “Los restauradores y conservadores la realizan de manera muy intuitiva y lo que se pretende con este tipo de cursos es que se haga de manera más metódica y sistemática”, comenta Daniel Durán, del IPCE y profesor del curso.  Para que un plan de estas características “sea eficaz es fundamental que se den un conjunto de medidas coordinadas y, además, que los trabajos tengan una continuidad en el tiempo y esto es también lo que este curso ofrece”, añade otra de las profesoras del curso, Teresa Gil.

Una de las cosas positivas que destacan los alumnos que han participado es que el trabajo que se ha llevado a cabo, además de ser práctico, ha sido multidisciplinar, puesto que han participado restauradores, historiadores, historiadores del arte, arquitectos o arquitectos técnicos, lo que permite que cada uno aporte sus distintas visiones.

Los alumnos, que han llegado de distintas universidades, escuelas de restauración de España y de administraciones públicas , han aseverado que el curso está siendo muy interesante, fundamentalmente porque la parte práctica ocupa gran parte del contenido y porque la conservación preventiva es el futuro de la restauración y de otros campos relacionados con los bienes culturales.  No obstante, creen que las administraciones no están concienciadas todavía de que “es mejor invertir en prevención que no en la restauración”.

Otro aspecto positivo que resaltan es que en este tipo de curso queda patente que las sinergias entre las distintas disciplinas son necesarias para llevar a cabo un plan de conservación preventiva. “Los equipos multidisciplinares en el ámbito cultural es lo que está ahora mismo en boga y los distintos puntos de vistas de los diferentes profesionales ayudan mucho para tener una visión global sobre lo que estamos trabajando”.

En el curso han participado 37 alumnos.