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Lectio Divina: 23 de marzo de 2026

Raúl Romero López
23 de marzo de 2026

Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio

1.- Introducción.

Señor, al iniciar mi oración sobre la mujer adúltera, te pido, ya desde el principio, que me des un corazón grande como el tuyo para saber comprender y perdonar. Y también una mente sana y sin prejuicios para saber juzgar. Tú veías la miseria de esa mujer. su fragilidad, y te llevaba a la compasión. Pero también veías la ruindad de aquellos hombres que estaban dispuestos a castigar en la mujer los mismos pecados que ellos habían cometido como hombres. Y te llenabas de santa indignación. Una y otra vez te diré: soy pecador. Pero no consientas que ni una sola vez sea un vil hipócrita.

2.- Lectura reposada del evangelio. Juan 8, 1-11

         Mas Jesús se fue al monte de los Olivos. Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?» Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acuasarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra». E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?» Ella respondió: «Nadie, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Una escena en tres cuadros.

  1. Los fariseos, la mujer y Jesús. Los fariseos felices de haber sorprendido a una mujer en pecado. Lo único que ven de esa mujer es su pecado. Esta mujer ha sido sorprendida en pecado. Se crecen humillando a la mujer. Se gozan recogiendo entre sus manos la basura para echársela en la cara. Jesús está viendo la mujer: Con su miseria y también con su grandeza. A Jesús no le interesa el pasado sino el futuro. No lo que ha sido sino lo que aún puede llegar a ser. Si la presencia de los fariseos la hunden, la presencia de Jesús le anima, le hace levantar la cabeza.
  2. La Ley, la mujer y Jesús. Con la ley en la mano quieren apedrear a esa mujer. “Con la ley en la mano se pueden cometer muchos atropellos… con la ley del aborto en la mano, ya las madres tienen el derecho de matar impunemente a sus hijos...” Tirando piedras no se soluciona nada. Jesús cambia las piedras por amor, por comprensión.
  3. Y se quedaron la mujer y Jesús solos. ¡Qué alivio! Comenzó a respirar y a sentirse mujer. Se acabaron las piedras y los gritos y las hipocresías… Y se quedaron solos, como dirá San Agustín, la gran miseria y misericordia.

Palabra del Papa

«¡Quien de vosotros esté sin pecado, tire la primera piedra contra ella!»”. El Evangelio, con una cierta ironía, dice que los acusadores se fueron, uno a uno, comenzando por los más ancianos. Y Jesús se queda solo con la mujer, como un confesor, diciéndole: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado? ¿Dónde están? Estamos solos, tú y yo. Tú ante Dios, sin las acusaciones, sin las habladurías. ¡Tú y Dios! ¿Nadie te ha condenado?». La mujer responde: «¡Nadie, Señor!», pero ella no dice: «¡Ha sido una falsa acusación! ¡Yo no he cometido adulterio!» Reconoce su pecado y Jesús afirma: «¡Yo tampoco te condeno! Ve, ve y de ahora en adelante no peques más, para no pasar por un momento tan feo como este; para no pasar tanta vergüenza; para no ofender a Dios, para no ensuciar la hermosa relación entre Dios y su pueblo». ¡Jesús perdona! Pero aquí se trata de algo más que del perdón: Jesús supera la ley y va más allá. No le dice: ‘¡El adulterio no es pecado!’ Pero no la condena con la ley. Y este es el misterio de la misericordia de Jesús. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 7 de abril de 2014, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Silencio)

5.-Propósito. Nunca juzgaré a nadie de un pecado que yo también he cometido.

6.- Hoy Dios me ha hablado a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo a Dios con mi oración.

Gracias, Jesús, por tener un corazón tan grande, tan misericordioso. Siempre dispuesto a levantar, a rehacer, a dar esperanza y ánimo a los que están hundidos. Y lo más maravilloso de todo es que eres el Revelador del Padre. Cuando te vemos actuar de esta manera, debemos pensar: así de bondadoso es el Padre.

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2 respuestas

  1. Lastimosamente siempre estamos listos con el dedo señalando a los demás sus errores, es una característica del hombre, pero no nos fijamos que los otros dedos apuntan hacia nosotros señalando los nuestros. Misericordia Señor por convertirnos en jueces de los demás

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