Lectio Divina: 18 de agosto de 2018

Dejad que los niños se acerquen a mí

1.- Oración Introductoria.

Jesús, este texto donde Tú apareces defendiendo a los niños y acariciándoles, siempre me ha conmovido.   Tu vista siempre se va detrás de lo pequeño, lo que no cuenta, lo que la gente desprecia. Y así, acariciando a un niño, quieres acariciar a todos los niños del planeta donde todavía no se les reconoce sus derechos. Hazme sensible a tantos niños del mundo que son explotados, vendidos, exiliados.

2.- Lectura reposada del evangelio. Mateo 19, 13-15

En aquel tiempo, le presentaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y rezara por ellos, pero los discípulos les regañaban. Jesús dijo: Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el Reino de los Cielos. Les impuso las manos y se marchó de allí.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

La cercanía de Jesús con los niños es una de las estampas más bellas del Evangelio. Los niños, con los ojos bien abiertos, van descubriendo la vida con sorpresa, con admiración. Por aquello de que no tienen pasado, tampoco tienen prejuicios ni con animales ni con las personas. Si un niño entra en un autobús, como pronto se cansa, salta al pasillo y, en unos momentos, se ha ganado a todos: de unos recibe un caramelo, de otro una sonrisa, o una caricia. Para él todos son de casa, todos son sus “tatos”. El niño es como el “Icono” de un paraíso perdido. El mismo Isaías, dirá: “el niño jugará en la hura del áspid, la criatura meterá la mano en lo escondrijo de la serpiente” (Is. 11,8). Para los niños el mundo es un juego. Los niños nos aportan transparencia, frescura, sencillez. Pero, en este texto concreto, probablemente Jesús habla de los niños como representación de las personas sin derechos. En el siglo primero las personas marginadas eran “los esclavos, las viudas y los niños”. El hecho de que Jesús acariciara a un niño tiene un valor simbólico. En ese gesto quiere acariciar a todas las personas marginadas de la sociedad, a todos aquellos a quienes no se les reconocen sus derechos.

Palabra del Papa.

“Pequeños grandes maestros de la vida. Como los niños es el Reino de los cielos. ¿Qué pasaría si hiciera de mi vida una continua imitación de los niños? Todos ellos nacen sencillos, sin malicia. Ciertamente no son siempre sonrisas, pero incluso en su llanto conservan sencillez. Son recipientes de amor y dispensadores de confianza; y colocan simplemente su corazón en su madre, en su padre, en aquél que les ofrezca una atención… Hoy quisiera pedirte un corazón como el tuyo, que sepa mirar más allá, siempre más allá, para detenerme ante las «minuciosidades» y aprender a conocerte. Enséñame a mirar con tus ojos a los niños, enséñame a maravillarme en ellos, enséñame a cuidar de ellos, quiero ver tu rostro en cada uno y aprender de estos «maestros de la vida» que me muestran cómo caminar en ella, siendo recipientes de tu amor y donadores de confianza, como fuiste Tú también (Catequesis de S.S. Francisco, 8 de abril de 2015).

4.- Qué te dice hoy a ti este texto ya meditado. (Guardo silencio).

5.-Propósito. Hoy voy a acercarme a una persona que viva marginada y le voy a regalar mi compañía..

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, después de este rato de oración, quiero pedir por la cantidad de niños que, actualmente, viven solos o abandonados; por todos los niños marcados para siempre con la huella de una violación; por tantos niños huérfanos a causa de las guerras. Que yo vea en ellos también a tantas personas, muy queridas por Dios, y muy amenazadas por los hombres.

 

PDF:  18 agosto

Autor: Raúl Romero