La voz del pastor

Pedro Escartín
25 de abril de 2026

Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del IV Domingo de Pascua – A – (26/04/2026)

El párroco nos ha recordado que la curación del ciego de nacimiento, que narra el Evangelio según san Juan en el capítulo 9, terminó con una pregunta de los dirigentes espirituales del pueblo judío a Jesús. Estos dirigentes, designados por el evangelista con los nombres de “los judíos” o de “los fariseos”, expulsaron de la sinagoga al ciego curado porque había reconocido a Jesús como profeta. Cuando Jesús lo encontró, le preguntó si creía en él. El que había sido ciego se postró y respondió: “Creo, Señor”, y Jesús exclamó: «He venido a este mundo para un juicio: para que los he no ven, vean; y los que ven se vuelvan ciegos». Los dirigentes espirituales de Israel le oyeron, se sintieron aludidos y le replicaron: «¿Es que también nosotros somos ciegos?». El párroco ha justificado su minuciosa introducción diciendo que era necesaria para que comprendiéramos mejor el Evangelio (Jn, 10 1-10) de este cuarto domingo de Pascua. Rumiando sus explicaciones he llegado a la cafetería donde ya he encontrado a Jesús sonriente y con nuestros cafés en sus manos. Sin más preámbulos le he dicho:

– A juzgar por las explicaciones de nuestro párroco, hoy tu Evangelio lleva tela.

– Como siempre, más o menos -me ha respondido después de tomar un sorbo de café-. El Evangelio siempre es “palabra” del Señor y merece toda vuestra atención.

– Así es -he reconocido-; y saber que el Evangelio de hoy lo dijiste después de haberte en encontrado con el ciego curado y expulsado de la sinagoga me ha ayudado a captar mejor tus palabras sobre “el pastor” y “la puerta” por donde entran y salen las ovejas en busca de pastos.

– Tienes razón -ha subrayado-. El denominador común de mi conversación con los judíos en aquel día fue el juicio. Tenía que poner en evidencia la mala gestión de los dirigentes espirituales de mi pueblo para que rectificasen y acogieran la llamada definitiva que el Padre les hacía enviándome al mundo. Con la curación del ciego ya debían haberse dado cuenta de que soy la luz y la oportunidad que el Padre les ofrecía ?y os ofrece? para que veáis con claridad; ofrece la luz, pero no obliga a abrir los; quien no los abre se condena a vivir a oscuras.

-Y las imágenes del pastor y la puerta, ¿qué tienen que ver con ese juicio?

– Con ellas quise ser más explícito: les dije que ellos eran los malos pastores que habían venido antes que yo, pero que no eran pastores, sino ladrones y bandidos.

– ¿No fuiste demasiado duro al tratarlos de ladrones y bandidos?

– Algunos profetas como Jeremías, Miqueas, Ezequiel y otros venían denunciado a los malos pastores y les habían amenazado con ser sustituidos por un nuevo “pastor” que el Señor enviaría; sólo reafirmé las palabras de los profetas…

– …y añadiste algo entrañable: añadiste que conoces a cada oveja y la llamas por su nombre. Ojalá reconozca siempre tu voz y te siga para encontrar pastos abundantes -he dicho en tono de confidencia-. ¡Cuánto me consuela saber que mi nombre no te es desconocido!

– Me haces feliz con lo que me estás diciendo -me ha interrumpido-. Tú no te dejes contaminar por la manera de pensar de aquellos dirigentes judíos que me rechazaron porque buscaban en mí al guía político que los liberara de ser esclavos de los romanos y no al pastor que los preservara de la esclavitud del Maligno.

– Ayúdame a verte siempre como pastor, y, aunque camine por cañadas oscuras nada temeré porque tú irás conmigo: tu vara y tu cayado siempre me sosegarán -he suplicado-.

– Pues entra por esa puerta que yo soy -ha concluido-.

 

Lectura del santo Evangelio según san Juan (10, 1-10)

En aquel tiempo, dijo Jesús: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por su nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón hace estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

Palabra del Señor

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