8M La pobreza sigue teniendo rostro de mujer

El 8 de marzo, el mundo celebra el Día Internacional de la Mujer, instituido en 1977 por la Asamblea General de Naciones Unidas para conmemorar la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona.

En esta jornada, Manos Unidas quiere recordar que, en pleno siglo XXI y, a pesar de los muchos avances, la pobreza sigue teniendo rostro de mujer, porque, en ningún país del mundo se ha alcanzado todavía la verdadera paridad de género.

Mujer indígena de la zona del Chimborazo (Ecuador). | Imagen: Josep Vecino.

«A lo largo de nuestros 65 años de historia, en Manos Unidas hemos sido testigo de los enormes progresos que se han producido en cuestiones de igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres», asegura Mª José Hernando, del Departamento de Estudios de la ONG de la Iglesia Católica.

«La mujer es hoy objeto de mayor protección legal y goza de más garantías que nunca. Gracias al esfuerzo de gobiernos e instituciones, y con el papel indispensable de la sociedad civil en el reconocimiento de la dignidad de las mujeres, sus derechos y sus responsabilidades, se han alcanzado grandes mejoras en la instrucción de las niñas y en la promoción de las mujeres, factores fundamentales para desarraigar la pobreza y promover el desarrollo», explica Hernando.

Los problemas relacionados con las graves violaciones de derechos humanos a las que se enfrentan las mujeres son cuestiones graves que exigen soluciones eficaces, estables y duraderas, en el marco de la construcción de sociedades inclusivas.

1 de cada 10 mujeres vive en pobreza extrema

Reunión grupal en Senegal. | Imagen: Pablo Echeita.

Pero, el camino por recorrer hacia la paridad real de género todavía es largo. Según Naciones Unidas, día de hoy, 1 de cada 10 mujeres vive en la pobreza extrema y, de continuar las tendencias actuales, de aquí a 2030, se estima que 342,4 millones de mujeres y niñas todavía vivirán con menos de 2,15 dólares al día. De esta manera, será imposible alcanzar las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y, principalmente, el relacionado con «garantizar la igualdad entre mujeres y hombres y promover la autonomía de la mujer».

Manos Unidas cree firmemente que hombres y mujeres tienen los mismos derechos y han de tener las mismas oportunidades. Conscientes de ello, Manos Unidas incorpora la perspectiva de género de manera transversal en todos sus proyectos y, en 2023, destinó 6,5 millones de euros a la puesta en marcha de 81 proyectos destinados a la promoción de los de derechos de las mujeres y la equidad. Unas iniciativas que, de una u otra manera, han conseguido cambiar la vida de casi 80.000 mujeres.

Para Mª José Hernando, «esa pobreza y esa desigualdad llevan a las mujeres a seguir siendo víctimas del hambre, la enfermedad, el analfabetismo y de la trata de personas, el desempleo o el trabajo esclavo. Además de sufrir discriminación y exclusión en el acceso a la tierra, en la toma de decisiones en ámbito público y privado y en el ejercicio del poder».

Uno de estos programas se desarrolla en Ecuador, donde según cifras de la Alianza para el Mapeo de los Feminicidios en Ecuador, en 2023 fueron asesinadas 321 mujeres por razones de género.

Mercadillo callejero en Ecuador. | Imagen: Jéssica del Olmo.

El 8 de marzo de 2024 es el día elegido para poner en marcha, de manera oficial, el Programa «Resiliencia socioeconómica de las mujeres indígenas y campesinas de Chimborazo y Tungurahua en contexto de pospandemia» que, durante los próximos 4 años, van a llevar a cabo Manos Unidas y sus socios locales en EcuadorCESA (Central Ecuatoriana de Servicios Agrícolas)Fundación Maquita yFundación Nosotras con Equidad.

El propósito de este ambicioso programa, en el que se van a invertir más de 3 millones de euros, es favorecer la resiliencia socioeconómica de las mujeres indígenas y campesinas de 38 comunidades rurales de la sierra central de Ecuador.

El programa ha sido construido y pensado con la participación de mujeres indígenas y campesinas, que, en muchos casos, son cabeza de hogar. Son ellas las que, principalmente, están asumiendo las tareas en la finca, por el éxodo del campo a la ciudad o al extranjero, que se está viviendo en las comunidades rurales. Son ellas las que realizan los trabajos de cuidados, aunque haya hombres adultos que conviven con ellas. Y son ellas las que, de manera mayoritaria, siguen padeciendo múltiples violencias: violencia física, psicológica y sexual, pero también violencia económica y violencia política.