La Iglesia en 12 Semanas: #Migrantes

Acoger, proteger, promover e integrar. Estos cuatro verbos articulan la respuesta pastoral de la Iglesia hacia las personas migradas y refugiadas. Cuatro verbos que se hacen acción en los 119 centros específicos con los que cuenta la Iglesia para atender a los migrantes. Según los datos de la última Memoria anual de actividades de la Iglesia Católica en España, en 2022 se consiguió ayudar a 90.214 personas.

Pero en ese acoger, proteger, promover e integrar no solo está la acción social de la Iglesia, que se materializa en estos centros de atención a las personas migradas. También está el reto de hacer una pastoral donde la diversidad en armonía sea el modo de caminar juntos. Está la tarea de promover, con quienes ya viven entre nosotros y los nuevos vecinos o hermanos, comunidades acogedoras y misioneras.

Otra apuesta es crecer en coordinación, misión compartida y trabajo en red. Así lo hacen los laicos, religiosos, religiosas y delegaciones de migraciones que participan conjuntamente en el Proyecto “Hospitalidad Atlántica” para fomentar recursos y espacios seguros a los migrantes que optan por estas rutas.

De cada cinco personas que vivimos en España, una ha venido de fuera. Ellos, los migrantes, han transformado la sociedad española, y por tanto, también nuestras diócesis, parroquias y comunidades eclesiales.

La gran mayoría lleva más de diez años con nosotros y se encuentra fuertemente arraigada en nuestro país. Incorporándose a nuestro esfuerzo, suman una aportación valiosa y necesaria de la que dependemos.

Pero este arraigo en nuestra sociedad y su contribución no siempre se corresponde con una equiparación socioeconómica como la obtenida por la población autóctona. Las personas migradas sufren mayores índices de desempleo o subempleo, acceden con más trabas a las políticas sociales y sufren mayor vulnerabilidad social.

Sin embargo, una mirada creyente permite acoger la valiosa contribución de las personas migradas a nuestra sociedad y a nuestra Iglesia:

  • aportan su trabajo para el desarrollo de nuestro país.
  • nos enriquecen como personas por su alegría, perseverancia, austeridad.
  • nos refrescan la presencia de Dios despertando en nosotros el ansia de justicia, caridad y paz que hay en el corazón de todo ser humano.

Ellos favorecen al crecimiento de la comunidad: en el encuentro con ellos se nos da la oportunidad de crecer como Iglesia, de enriquecernos mutuamente.

La migración supone para la Iglesia un desafío particular: a cada ser humano que se ve obligado a dejar su patria en busca de un futuro mejor, el Señor lo confía al amor maternal de la Iglesia.