La Iglesia de los Franciscanos acogió la Vigilia Diocesana de Pentecostés en el Año Jubilar de San Francisco

Diócesis de Teruel y Albarracín
25 de mayo de 2026

La Iglesia conventual de los Franciscanos de Teruel acogió el pasado sábado 23 de mayo la tradicional Vigilia Diocesana de Pentecostés, una celebración que este año adquirió un significado especial al enmarcarse en el Año Jubilar extraordinario convocado por el papa León XIV con motivo del VIII Centenario del tránsito de san Francisco de Asís.

Convocados por la Delegación de Apostolado Seglar, numerosos fieles participaron en esta vigilia de oración y peregrinación, que quiso poner de relieve la actualidad del testimonio del santo de Asís y la acción del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia.

La celebración estuvo presidida por Mons. Juan Tomás Oliver Climent, obispo emérito de Requena (Perú), acompañado por el administrador diocesano, don Alfonso Belenguer, y por miembros de la comunidad franciscana de Teruel.

En la monición de entrada se recordó el sentido de este Año Jubilar extraordinario y la invitación del Santo Padre a vivirlo como una oportunidad para seguir el ejemplo de san Francisco: «Convertirnos en modelos de santidad de vida y en testigos constantes del Evangelio en medio de lo sencillo de nuestra vida cotidiana». También resonaron las palabras que el santo dirigió antes de su tránsito al cielo: «Yo cumplí mi tarea. Cristo os enseñe la vuestra», una llamada que sigue interpelando a los cristianos de todos los tiempos.

La reflexión inicial invitó a los participantes a dejarse guiar por el Espíritu Santo, del mismo modo que lo hizo san Francisco, para descubrir la llamada concreta que el Señor dirige a cada persona y mantener viva en el mundo la llama de Pentecostés.

Uno de los momentos más emotivos de la celebración tuvo lugar cuando se colocaron unas luces con forma de corazón en las escaleras del altar, un gesto simbólico que ayudó a expresar visualmente la presencia del amor de Dios y la acción del Espíritu en la comunidad reunida.

La colecta realizada durante la vigilia se destinó a los cristianos de Tierra Santa, como signo de comunión, solidaridad y cercanía con quienes viven su fe en una tierra marcada por especiales dificultades.

La jornada concluyó con una cena fraterna, compartiendo un tiempo de convivencia que prolongó el espíritu de comunión vivido durante la celebración litúrgica.

Desde la Delegación de Apostolado Seglar se animó a todos los diocesanos a seguir unidos en la oración para que, siguiendo el ejemplo de san Francisco de Asís, se dejen conducir por el Espíritu Santo y descubran con generosidad la misión a la que Dios les llama.

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