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La diócesis de Jaca, junto a sus pueblos frente al fuego: «Seguimos confiando»

David López
15 de agosto de 2026

Pedro Aguado expresa la cercanía de la Iglesia con las poblaciones afectadas por el incendio de Las Peñas de Riglos y agradece el trabajo de quienes combaten las llamas y acogen a los evacuados: «Nos sentimos frágiles y tristes, pero no por eso dejamos de mirar adelante».

Mensaje P. Pedro incendios Jaca

El fuego ha vuelto a golpear este verano el corazón de la diócesis de Jaca. Pueblos evacuados, familias obligadas a abandonar sus casas, carreteras cortadas, montes calcinados y cientos de personas trabajando sin descanso forman desde hace días parte de un paisaje que nadie hubiera querido contemplar. En medio de esta situación, el obispo de Jaca, Pedro Aguado, ha querido poner palabras a lo que están viviendo tantas comunidades y expresar la cercanía de toda la Iglesia diocesana.

Según la última actualización oficial del Gobierno de Aragón, publicada este sábado 15 de agosto a las 9.41 horas, el incendio forestal de Las Peñas de Riglos continuaba activo y había superado ya las 15.000 hectáreas afectadas. Dieciocho poblaciones permanecían desalojadas, con 1.021 personas evacuadas, mientras más de 600 efectivos y entre 30 y 35 medios aéreos participaban en el dispositivo. Durante la noche se había conseguido frenar el avance de las llamas hacia los núcleos habitados y proteger también los dos monasterios de San Juan de la Peña.

Detrás de esas cifras hay nombres, casas, recuerdos y vidas suspendidas por la incertidumbre. Son localidades como Bailo, Larués, Alastuey, Botaya, Santa Cruz de la Serós, Binacua, Triste, Yeste, Centenero o Salinas de Jaca, entre otras. Lugares en los que la vida cotidiana se ha visto quebrada de repente por el fuego.

Es precisamente a esas personas a quienes Pedro Aguado dirige en primer lugar su mensaje. «Es una situación dramática, difícil, compleja», reconoce. Y añade que, «como diócesis, como Iglesia», la comunidad cristiana se siente unida tanto a quienes están padeciendo directamente las consecuencias del incendio como a quienes trabajan en su extinción y en la atención a las personas obligadas a abandonar sus hogares.

Gratitud en medio de la incertidumbre

El obispo propone no esconder lo que se siente, sino ponerle nombre. Y la primera palabra que encuentra es gratitud.

Gratitud hacia los profesionales que llevan días luchando contra las llamas, hacia los voluntarios, los agricultores, los miembros de Protección Civil, Guardia Civil, UME, Cruz Roja y servicios sanitarios; pero también hacia tantos vecinos que están abriendo sus casas, ofreciendo ayuda o tratando sencillamente de estar al lado de quien lo necesita. El operativo reúne efectivos del Gobierno de Aragón y del Estado, además de medios llegados de varias comunidades autónomas y numerosos colaboradores de las propias comarcas afectadas.

«En estas situaciones, emerge la solidaridad y las ganas de ayudar. ¡GRACIAS!», escribe Pedro Aguado.

No es una gratitud ingenua. El obispo reconoce también el miedo ante las consecuencias que dejará el incendio, la tristeza y esa sensación de fragilidad que aparece cuando, en pocas horas, aquello que parecía seguro deja de serlo.

Y es ahí donde introduce la segunda gran palabra de su mensaje: confianza.

«Seguimos confiando en la vida, seguimos confiando en nuestra gente, seguimos confiando en nuestras comunidades, y renovamos nuestra confianza en Dios», afirma. Una confianza que no consiste en ignorar la gravedad de lo sucedido, sino en sostener la voluntad de reconstruir la vida, los pueblos y las familias cuando las llamas se apaguen.

Una Iglesia que permanece

El mensaje llega además en la solemnidad de la Asunción de la Virgen, una celebración especialmente arraigada en muchos de los pueblos de la diócesis. Pedro Aguado ha pedido que en las Eucaristías de este 15 de agosto se rece por todas las personas que sufren a causa de los incendios y también por quienes están ofreciendo su ayuda y colaboración. En la carta remitida el viernes anunciaba asimismo que ofrecería la Eucaristía de las 12.00 horas en la catedral de Jaca por todos los afectados.

La oración se convierte así en una manera de permanecer cerca cuando las palabras no bastan. El obispo encomienda los pueblos a la Virgen, «Maestra de la fe y Madre de los creyentes», y pide también la intercesión de San Indalecio y San Juan Bautista, especialmente venerados en algunas de las localidades afectadas, así como la de los santos y patronos de las iglesias y ermitas de la diócesis. Y formula una petición que estos días adquiere toda su fuerza: el don de la lluvia.

No es la primera vez que la diócesis atraviesa una situación semejante este verano. Hace apenas un mes, el gran incendio de Orés, en las Cinco Villas, afectó igualmente a localidades pertenecientes a la diócesis de Jaca y obligó a evacuar varios pueblos. Los sacerdotes del arciprestazgo de Erla-Uncastillo ya expresaron entonces, junto al obispo, su solidaridad y cercanía con los damnificados.

Ahora el fuego ha regresado. Y, junto a los medios de extinción, las administraciones, los voluntarios y tantas muestras de solidaridad ciudadana, la Iglesia diocesana quiere seguir haciendo lo que le corresponde: estar junto a su gente.

Con los que han tenido que marcharse de casa y con quienes esperan poder regresar. Con quienes combaten las llamas y con quienes sostienen a los evacuados. Con quienes tienen miedo por lo que pueden perder y con quienes mañana tendrán que comenzar de nuevo.

«Que Santa Orosia, patrona de la diócesis de Jaca, nos sostenga», concluye Pedro Aguado.

En días como estos, quizá esa sea también la tarea de toda una comunidad: sostenerse unos a otros hasta que pase el fuego.

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