Jornada Pro Orantibus: «La vida contemplativa sufre cuando el mundo sufre»

«La vida contemplativa, cerca de Dios y del dolor del mundo» es el lema de este año de la Jornada Pro Orantibus, que la Iglesia celebra en la solemnidad de la Santísima Trinidad el próximo 30 de mayo.

Recogiendo los ecos de la Pascua del Señor y de la efusión del Espíritu en Pentecostés, celebramos un año más la solemnidad de la Santísima Trinidad y, con ella, la Jornada Pro Orantibus.

Este es un año más, pero no un año cualquiera. Estamos atravesando una situación global que ha trastocado fuertemente nuestras vidas.

La vida contemplativa sufre cuando el mundo sufre porque su apartarse del mundo para buscar a Dios es una de las formas más bellas de acercarse a él a través de Él.

La suya es una historia de cercanía con Cristo y con el dolor humano en la que uno y otro —el Señor que salva y el ser humano sediento de salvación— se requieren y se encuentran cada día a través de la búsqueda y la contemplación sagrada del rostro del Padre.

Así lo recordó el papa Francisco en 2016 en el número 9 de la constitución apostólica Vultum Dei quærere sobre la vida contemplativa femenina. La vida consagrada es una historia de amor apasionado por el Señor y por la humanidad: en la vida contemplativa esta historia se despliega, día tras día, a través de la apasionada búsqueda del rostro de Dios, en la relación íntima con Él.

A Cristo Señor, que «nos amó primero» y «se entregó por nosotros» vosotras, mujeres contemplativas, respondéis con la ofrenda de toda vuestra vida, viviendo en Él y para Él, «para alabanza de su gloria».

En esta dinámica de contemplación vosotras sois la voz de la Iglesia que incansablemente alaba, agradece y suplica por toda la humanidad, y con vuestra plegaria sois colaboradoras del mismo Dios y apoyo de los miembros vacilantes de su cuerpo inefable.

El lema escogido para esta Jornada en que la Iglesia agradece el don de la vida contemplativa y ora por esta vocación específica que embellece el rostro de la Iglesia recoge esta doble vertiente que la caracteriza: «La vida contemplativa, cerca de Dios y del dolor del mundo». Los contemplativos rehúyen el activismo frenético de nuestras sociedades y eligen una vía de intimidad orante y fraterna que, lejos de ensimismarlos, esterilizarlos o alejarlos del dolor del mundo, los convierte en faro para los mares agitados y semilla para los campos agrietados. Allí, en lo escondido de su corazón, donde están a solas con el Amigo, se unen a todos los seres humanos, especialmente a quienes están heridos, y desde ese lugar de encuentro sagrado aprenden y enseñan a llamar a todos amigos.

En esta Jornada Pro Orantibus toda la Iglesia recuerda con gratitud y esperanza a quienes recorren en ella la hermosa senda de la vida contemplativa. Pedimos al Señor que los custodie en su amor, los bendiga con nuevas vocaciones, los aliente en la fidelidad cotidiana y les mantenga la alegría de la fe. Y junto a ellos, presentamos al Padre, por el Hijo en el Espíritu Santo las necesidades y los padecimientos del mundo: compartiendo su dolor y su esperanza, queremos estar cerca de Dios y cerca de todos, junto al dolor de cada ser humano.

En nuestra Diócesis este año no nos reuniremos en ningún Monasterio en concreto para rezar juntos, sino que cada Monasterio celebrará este día con gozo y alegría y todos nos uniremos desde nuestras Parroquias rezando por la Vida Contemplativa.

Confiando en vuestra oración diaria y muy especial en este día, os deseo a todos una feliz Jornada y que la Santísima Virgen María, os alcance de su Hijo la mejor de sus bendiciones.

José Manuel Vargas Puga.
Delegado Episcopal