Opinión

Ángel Lorente Lorente

Hacia una Iglesia Sinodal

Experimentar la metodología de la conversación en el Espíritu para caminar en comunión y misión en nuestras diócesis

27 de mayo de 2026

El discernimiento es una categoría decisiva para comprender y vivir la sinodalidad en la iglesia, por lo que debe estar en el centro del proceso sinodal.  Sin él, la sinodalidad es impracticable y el sínodo “no será viable sin discernimiento comunitario”, nos dijeron en un seminario en Roma, con motivo del jubileo en octubre pasado. Por otro lado, extender la cultura de la escucha es en estos momentos históricos donde predominan los discursos de odio, guerra y polarización, es un ejercicio de “profecía social”, según el nº 47 y 48 del Documento final (DF).  Por todo ello daremos a continuación unos apuntes para animar a seguir experimentando la conversación en el Espíritu en nuestras diócesis y lo haremos desde el contexto del Plan Diocesano de implementación del sínodo en la archidiócesis de Zaragoza. En su presentación oficial se invitó a utilizar esta metodología sinodal, de acuerdo con el número 45 del Documento Final (ver las intervenciones de D. Carlos Escribano y de D. Sergio Martínez en la reunión informativa de enero de 2026).

Además, se ha partido de la experiencia acumulada desde el pasado curso, para utilizar la conversación en el Espíritu mediante dos ejercicios prácticos de discernimiento (febrero-junio), uno de ellos dedicado a los consejos pastorales y otro, dedicado al laicado y su presencia en la vida pública (disponibles ambos en Ejercicio 1  y Ejercicio 2).

A día de hoy, esta metodología se ha utilizado en Zaragoza en el consejo episcopal de Gobierno, en dos reuniones conjuntas del consejo presbiteral y diocesano de pastoral, en algún consejo de vicaría, en varios consejos parroquiales, en grupos sinodales, en otro tipo de equipos y grupos, en asociaciones laicales y en comunidades de vida consagrada, con lo cual el propósito de asumir paulatinamente esta metodología de discernimiento va siendo, a mi juicio, uno de los frutos del proceso sinodal en la archidiócesis.

Con todo, necesitamos formarnos más y mejor en la escucha en el discernimiento comunitario, experimentándolo en grupo (Documento final, nº 86), porque la formación ayuda a caminar juntos (nº 141-143) y a ser comunión para la misión. Por eso se han ofrecido también este curso tres elementos a nivel institucional: la Guía nº 2 de la CEE sobre el discernimiento eclesial, disponible en Guía nº 2 , un ciclo de cuatro charlas sobre la sinodalidad en el CRETA (ver enlace de la charla de D. Vicente Jiménez en Espiritualidad sinodal) y el jueves, 28 de mayo una sesión básica para aprender a utilizar esta metodología, abierta a todo tipo de personas, inscribiéndose en este Formulario de inscripción.

2.- ¿Qué nos dice el Documento final del sínodo sobre la conversación en el Espíritu?

El alcance de esta metodología hay que meditarlo en relación con otros números del DF, partiendo previamente de qué significa la sinodalidad (nº 28), qué es la espiritualidad sinodal (nº 43) y qué es el discernimiento cristiano (nº 83).

Así, en el nº 45 se nos dice:  La conversación en el Espíritu es una herramienta que, aun con sus limitaciones, resulta fructífera para permitir la escucha y el discernimiento de “lo que el Espíritu dice a las Iglesias” (Ap 2,7). Su práctica ha provocado alegría, asombro y gratitud y se ha experimentado como un camino de renovación que transforma a las personas, a los grupos y a la Iglesia. La palabra “conversación” expresa algo más que un mero diálogo: entrelaza armoniosamente pensamiento y sentimiento y genera un mundo de vida compartido. Por eso puede decirse que en la conversación está en juego la conversión. Es un dato antropológico que se encuentra en pueblos y culturas diferentes, unidos por la práctica de reunirse solidariamente para tratar y decidir sobre cuestiones vitales para la comunidad. La gracia lleva a término esta experiencia humana: conversar “en el Espíritu” significa vivir la experiencia de compartir a la luz de la fe y en la búsqueda del querer de Dios, en un clima evangélico en el que el Espíritu Santo puede hacer oír Su voz inconfundible.

3.- ¿Con qué actitudes espirituales tenemos que escuchar y discernir para tomar decisiones juntos? (Nº 43, 83-85 del DF). 

La escucha de la Palabra es el punto de partida y el criterio de todo discernimiento eclesial. El DF establece varias etapas para discernir en el nº 84 y además, describe algunas actitudes, como también lo hace el nº 43.

Por su parte, el papa Francisco en el prólogo del libro de los jesuitas J.A. Guerrero y O. Martín (2023), titulado “Conversación espiritual, discernimiento y sinodalidad”, nos  dice:  “Me ha parecido particularmente esencial el capítulo 5 sobre las disposiciones interiores (…) La conversación en el Espíritu, el discernimiento y la sinodalidad solo pueden ir adelante si buscamos vaciarnos de nosotros mismos para llenarnos del Espíritu (…), si cultivamos en nuestro interior actitudes de humildad, hospitalidad y acogida, a la vez que desterramos la autosuficiencia y la autorreferencialidad. Solo así se verán fortalecidas nuestra comunión y nuestra misión” (p. 11).

En efecto, esta metodología sinodal requiere actitudes concretas como ser dócil al Espíritu, apertura a la acción del Espíritu, “indiferencia ignaciana”: “lo que tú quieras, Señor”, sentido de pertenencia eclesial, escucha a mí mismo, a los otros y a Dios, nos remarcaba David Cabrera, SJ en la sesión formativa organizada por la CEE el pasado 18 de abril a la que asistimos representantes de cuatro diócesis aragonesas.

4.- Los dos modelos claves de escucha: Jesús y María

A la hora de practicar la conversación en el Espíritu y ponernos a la escucha de la Palabra, tenemos dos modelos bíblicos claves: Jesús, modelo de escucha con su Padre y con la gente: por ejemplo, con la samaritana (Jn 4, 5-27), con el ciego Bartimeo (Mc 10, 46-52) o en el camino de Emaús (Lc 24, 13-35). Su madre, María, es otro gran ejemplo de escucha espiritual para nosotros, según el DF, nº 29, porque ella “escucha, ora, medita, dialoga, acompaña, discierne, decide y actúa”.

5.- La base humana y las claves psicológicas para que haya una verdadera escucha activa, recíproca y respetuosa en la conversación en el Espíritu. 

El objetivo de la escucha es intentar comprender a los demás tal y como son, de modo que no solo escuchamos lo que se nos dice, sino lo que cada persona quiere decir: escuchar con un corazón abierto y receptivo. De nuevo Francisco nos invitaba en 2023 a ejercer el arte de escuchar en: osservatore romano.  Y el jesuita y psicólogo David Cabrera, en la jornada de formación de la CEE, nos recomendaba los 14 pasos que pueden ayudar para la escucha activa: evitar juzgar, resistir la tentación de ser consejero, no interrumpir, hacer referencia a los detalles de lo escuchado, redirigir la conversación, repetir lo oído, reflejar sentimientos, preguntar bien para saber más, conocer las consecuencias, ayudar a clarificar sentimiento y pensamientos, reforzar positivamente y cuidar el lenguaje corporal, respetar los silencios, evitar los típicos errores y resumir las conclusiones.

6.- Dos preguntas para reflexionar

Por último, en este tiempo de Pentecostés y para que todos avancemos en la escucha y en conversión sinodal, nos podemos preguntar a la luz del Documento final del sínodo cómo practicamos la escucha en la Iglesia y en la sociedad para caminar juntos:

  • Escucharnos dentro de la Iglesia: ¿Practico la escucha sobre qué me pide el Espíritu en la Iglesia, en la comunidad, en el consejo pastoral, en el grupo sinodal…? ¿Escucho al Espíritu a través de los otros?
  • La sinodalidad como profecía social: ¿Cómo escucho a los demás en la familia, el barrio, el trabajo, el asociacionismo de todo tipo, etc.? ¿Llevo este estilo sinodal a mi vida cotidiana para crear cultura de la sinodalidad en la vida social?

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