Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del III domingo del tiempo ordinario – A – (25/01/2026)
Hoy el párroco ha comenzado la homilía explicando que tuvo sentido el que el evangelista situase el comienzo de la predicación de Jesús en Galilea, que era considerada tierra de paganos -Galilea de los gentiles al otro lado del Jordán, territorio de Zabulón y Neftalí-. Esta indicación topográfica da a entender que la comunidad para la que Mateo redactó su evangelio estaba convencida de que en Jesús se cumplía el anuncio del profeta Isaías y su predicación también estaba destinada a los paganos, pues el profeta había anunciado: «a los que habitaban en tierra de sombras de muerte, una luz les brilló». Mateo lo ratificó escribiendo: «al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías». Estaba recordando estos detalles cuando me he topado con Jesús, que ya había llegado a la cafetería y me ofrecía una taza de café…
– Por lo que cuenta Mateo, el comienzo de tu predicación junto al lago de Galilea fue un éxito: los primeros que llamaste, cuatro pescadores, se fueron contigo sin rechistar dejándolo todo.
– No tomes las palabras del evangelista al pie de la letra -me ha advertido con su taza de café entre las manos-. El estilo narrativo de aquellos evangelistas tendía algunas veces a simplificar los relatos, sobre todo en las experiencias más complejas como son las de los encuentros entre las personas. Tú bien sabes que hasta que surge la confianza y la atracción mutua hay aproximaciones, enfriamientos, alguna perplejidad… y hace falta tiempo. Mateo y Marcos abrevian el relato pasando directamente al momento final porque pretenden subrayar que la llegada del Reino reclama una conversión radical, pero no ignoran los pasos de ese proceso.
– ¡Me dejas tranquilo! -he reaccionado-. Me parece un milagro el que un desconocido pase junto a unos rudos pescadores, les diga que se vayan con él para hacerlos pescadores de hombres y, al punto, dejen las redes, las barcas y al pobre Zebedeo sin mano de obra, y sigan al desconocido como si fueran amigos de toda la vida.
– Ya te he dicho que el evangelista pretendía recalcar, con este relato de vocación, la radicalidad con la que hay que andar por el camino del Reino. Insisto para que se te grabe en la memoria. Aunque sí que hubo algo milagroso. Primero, marqué una diferencia notable respecto a los maestros judíos en el modo de reunir a un grupo de discípulos. Los maestros judíos acogían o rechazaban a quienes querían ser discípulos suyos; yo, en cambio, llamé personalmente a quienes yo quería que fueran mis discípulos; con ello manifesté mi predilección hacia los que llamé, y ellos, al sentirse atraídos por mí, el Espíritu les hizo capaces de renunciar a su familia y a su trabajo para seguirme, ¡y me siguieron!
– Y segundo… -le he incitado a que concluyera la frase que ha dejado en el aire-.
– Pues que aquellos rudos pescadores escucharon mis palabras sobre el Reino, contemplaron los signos que hice con los enfermos o en el lago, los envié a predicar, realizaron los mismos signos que yo hice… y se convirtieron en “pescadores de hombres”. ¿Quién, si no ellos, mantuvieron la esperanza del pequeño rebaño de mis discípulos, desconcertados por el escándalo de mi muerte en cruz? ¿No fue un milagro que volvieran después de aquel vendaval?
– Algo más que un milagro -he dicho rebuscando el monedero para pagar nuestros cafés-.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo (4, 12-23).
Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaúm, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra de sombras de muerte, una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
Pasando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. Les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el
evangelio de reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Palabra del Señor