La Concatedral de Santa María de Monzón acogió el domingo 18 de febrero el envío diocesano de 68 animadores de la comunidad y once ministros extraordinarios de la Comunión. Se visualiza, así, la actualización de su nombramiento episcopal, vigente durante cuatro años. El Obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez, agradeció a los 80 laicos y consagradas su entrega al servicio de las necesidades de una diócesis extensa y despoblada para lograr que el pan de la Palabra, de la Eucaristía y de la ternura lleguen a todos los rincones del Alto Aragón oriental.

Además, en los locales de la concatedral se desarrollo una sesión formativa en la que la delegada de Celebración, Silvia Peropadre, dio la bienvenida a los asistentes que escucharon las explicaciones del sacerdote Rubén Darío Sánchez sobre el tema Nuevo Testamento: revelación de Cristo, nacimiento de la Iglesia, tercero del ciclo formativo. El padre Jaime Cruz resolvió las dudas sobre las materias abordadas este curso y los representantes del Bajo Cinca pronunciaron la oración final.

Una diócesis extensa y diseminada

La Diócesis de Barbastro-Monzón es la segunda de Aragón en población, ya que sus cuatro arciprestazgos suman 100.044 habitantes, con una desigual estructura demográfica. De las 250 parroquias, las del norte son muchas y están muy despobladas, y las del sur, menos numerosas y más pobladas. Así, Sobrarbe-Ribagorza cuenta con 16.650 habitantes distribuidos en 159 parroquias, mientras Cinca Medio-Litera suma 39 parroquias y 37.150 personas; el Somontano, 25 parroquias y 18.809 vecinos; y el Bajo Cinca, 19 parroquias y 26.694 habitantes.

Esta estructura demográfica, en la que más del 30% de las parroquias tienen menos de 500 habitantes, plantea un desafío pastoral que la Diócesis está afrontando con una reorganización geográfica -con las ocho unidades pastorales a modo de “parroquia de parroquias”- y pastoral. En este último ámbito, los animadores de la comunidad juegan un papel destacado y son imprescindibles para “que nadie se pierda”. Los equipos mixtos, con sacerdotes, laicos y consagrados, trabajan desde las unidades pastorales para que todos los fieles, sea cual sea su residencia, accedan por igual a eucaristías, adoraciones o momentos de oración.