Don Ángel, en la Procesión del Santo Entierro de Barbastro: «Venid a resucitar con Él»

Ascen Lardiés
4 de abril de 2026

Alrededor de 1.500 cofrades, de los más de 2.700 con los que cuenta Barbastro, sacaron en la tarde noche de Viernes Santo a la calle la Pasión y Muerte de Jesucristo, en la Procesión General del Santo Entierro.

Tras la oración comunitaria en la Catedral, presidida por el obispo, Mons. Ángel Pérez Pueyo, y realizada por el presidente del Santo Sepulcro, Jorge Belloc, el golpe en la puerta de los romanos de la Cofradía de la Merced anunció el comienzo de un desfile procesional que lleva la catequesis a las calles.

Con las proféticas sibilas a la cabeza, el suceder de los pasos mostró la riqueza iconográfica de la Semana Santa barbastrense con la Entrada de Jesús en Jerusalén (Cofradía de San José), El Prendimiento y el Cautivo (La Merced), Jesús Atado a la Columna y la Virgen de la Esperanza (Jesús Atado a la Columna), El Nazareno, la Virgen de la Amargura y la Verónica (Nuestro Padre Jesús Nazareno), Las Tres Caídas, el Cristo de la Agonía y la Virgen Dolorosa (Hermandad del Santo Cristo de la Agonía y Nuestra Madre Dolorosa), El Descendimiento -único paso que solo sale en esta procesión- y la Piedad (Cofradía del Descendimiento), y El Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad, de la cofradía del mismo nombre.

Tambores, bombos y cornetas de las respectivas secciones de instrumentos acompañaron sus pasos, formando una comitiva que cerró el obispo, los sacerdotes de la Unidad Pastoral y la Corporación Municipal.

Y, como es tradicional, al llegar a la Plaza del Mercado se vivió el momento más solemne. En un silencio absoluto, solo roto por el sonido de la campanilla, el Santo Sepulcro se encuentra son su madre, la Virgen de la Soledad, mientras los portantes de los otros trece pasos los van levantado y cimbreando a su paso

«No habéis acompañado solo a Cristo muerto. Habéis acompañado a muchos jóvenes crucificados», subrayó el obispo. En una breve alocución, don Ángel señaló que la cruz representa hoy a quienes viven con ansiedad, miedo y soledad en una sociedad que ofrece placer pero deja vacío.

Dirigiéndose de forma específica a los jóvenes cofrades, les recordó que su labor va más allá de la procesión. Abarca desde cargar con la cruz de los demás y estar cerca de quien está mal, a ser apóstoles en la calle y no esconder su fe o convertirse en esperanza pero no solo una semana, sino toda la vida.

Finalmente, lanzó una invitación para el Domingo de Resurrección: acudir a la eucaristía que se celebrará en esa misma plaza con los amigos que buscan sentido, recordando que «la última palabra no la tiene la muerte, la tiene Cristo y está vivo. Venida a resucitar con Él».

Tras la intervención de don Ángel, la Procesión del Silencio tomó el relevo. Cada cofradía inició su camino de regreso a sus respectivas sedes en absoluto recogimiento.

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