La Catedral de Teruel acogió este domingo, 5 de julio, la solemne celebración de la festividad de Santa Emerenciana, patrona de la ciudad de Teruel. La Eucaristía, presidida por el Administrador Diocesano, don Alfonso Belenguer, reunió a numerosos fieles, autoridades civiles y representantes de las distintas instituciones turolenses para rendir homenaje a la santa.
La jornada comenzó previamente en el claustro del Obispado con el tradicional acto de nombramiento del Seisado de Santa Emerenciana, una institución histórica vinculada a la vida de la ciudad, así como con la entrega de la Medalla de Oro de la Ciudad a la Fundación Ibercaja, con motivo del 150 aniversario de la entidad.
El momento central de la celebración tuvo lugar en la Catedral con la Eucaristía en honor a la patrona. Para la ocasión, el busto relicario de plata de Santa Emerenciana presidió el altar mayor, acompañado por el busto relicario de Santa Jerónima y una imagen del Ángel Custodio, configurando un marco de especial solemnidad para la celebración.
Al término de la misa dio comienzo la tradicional procesión por las calles del Centro Histórico. El busto de la patrona fue portado a hombros por los peaneros de Santa Emerenciana, acompañado por el nuevo Seisado, autoridades civiles y religiosas, así como por numerosos fieles.
La procesión contó también con la participación de distintos grupos de indumentaria tradicional, entre ellos Amigos de la Jota y Ciudad de los Amantes, la Casa de Andalucía y la Asociación Amigos de la Comunidad Valenciana, además de la Banda Municipal de Música Santa Cecilia, que acompañó musicalmente el recorrido. Como novedad en la plaza del Torico se ofrecieron jotas en honor a la patrona antes de continuar el desfile procesional hasta la Catedral.
Con esta celebración, la Iglesia diocesana y la ciudad de Teruel renovaron un año más su devoción a Santa Emerenciana, manteniendo viva una tradición que une fe, historia y patrimonio. Aunque la memoria litúrgica de la patrona se celebra el 23 de enero, desde hace décadas la festividad se traslada al primer domingo de julio, permitiendo una mayor participación de los fieles en los actos religiosos y populares organizados en su honor.

