La Catedral de Teruel acogió ayer domingo, 14 de junio, una nueva edición de la tradicional misa africana organizada por la Delegación diocesana de Migraciones y Pastoral Gitana de la diócesis de Teruel y Albarracín. La celebración reunió a numerosos fieles en una eucaristía marcada por la alegría, la música y la riqueza cultural de las comunidades africanas presentes en la Iglesia local.
La misa estuvo presidida por don Alfonso Belenguer, administrador diocesano de la diócesis de Teruel y Albarracín, y contó con la participación de varios sacerdotes africanos que desarrollan su labor pastoral en la diócesis.
Esta celebración tiene como objetivo compartir la fe y poner en valor la riqueza cultural que aportan las comunidades africanas integradas en la vida de la Iglesia. A través de sus cantos, danzas y expresiones litúrgicas propias, los asistentes pudieron vivir una eucaristía especialmente participativa y llena de entusiasmo.
Tras la celebración, los participantes compartieron un momento festivo en el claustro del Obispado de Teruel, donde la música y la convivencia continuaron siendo protagonistas en un ambiente de fraternidad y encuentro.
Esta misa africana se celebra ya desde hace tres años en Teruel y se ha convertido en una cita esperada por muchos fieles. El sacerdote Elkin Otálvaro, delegado de Migraciones y organizador del evento, destaca la buena acogida que tiene cada edición: «Atrae a mucha gente porque el estilo africano es muy alegre y especial. A la gente le impacta, sobre todo, sus cánticos y su alegría», explicaba para Heraldo de Aragón.
Otálvaro impulsa también otra celebración intercultural que reúne cada año a la comunidad latina de Teruel en torno a la festividad de la Virgen de Guadalupe, el 12 de diciembre o en la fecha más cercana. Ambas iniciativas buscan visibilizar la diversidad presente en la Iglesia diocesana y favorecer el encuentro entre culturas.
«La cita africana y la de diciembre son una forma de demostrar que la riqueza está en la diversidad», señala el delegado de Migraciones, subrayando el valor que aportan las distintas comunidades a la vida de la Iglesia.
Una vez más, la Catedral de Teruel se convirtió en un espacio de comunión donde diferentes pueblos y tradiciones celebraron una misma fe, poniendo de manifiesto el carácter universal de la Iglesia.

