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Don Ángel, en el Encuentro Diocesano de Laicos: “El Espíritu no crea islas, crea comunión”

Ascen Lardiés
24 de mayo de 2026

Fraga acogió el Encuentro Diocesano de Laicos, coincidiendo con la solemnidad de Pentecostés y el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar. Los actos comenzaron por la tarde en el emblemático entorno del Castillo de Fraga, punto de concentración desde el cual partieron los fieles en procesión hacia la iglesia de San Pedro. Durante el recorrido, caminaron juntos rezando el Vía Lucis, la oración pascual que celebra la luz de la Resurrección.

Posteriormente, los asistentes tuvieron la oportunidad de participar en el sacramento de la reconciliación antes de unirse en la celebración de la eucaristía, presidida por el obispo diocesano, Mons. Ángel Pérez Pueyo, y concelebrada por varios sacerdotes.

Don Ángel dirigió un mensaje profundo, realista y cargado de esperanza a toda la comunidad eclesial. Partiendo de la escena evangélica de los discípulos reunidos «con las puertas cerradas por miedo», reconoció que muchas comunidades actuales arrastran cansancio, envejecimiento o desánimo. Sin embargo, recordó con fuerza que «el gran peligro de la Iglesia no es ser pequeña, sino resignarse y funcionar por inercia».

Bajo el lema “El Espíritu no crea islas, crea comunión”, el obispo lanzó una invitación directa a superar los individualismos y las parcelas dentro de la diócesis: «La diócesis no es una suma de islotes religiosos, es una familia». En este sentido, instó a dejar atrás los personalismos, las quejas y las nostalgias del pasado para dar paso a una corresponsabilidad activa, una mayor colaboración entre parroquias y una verdadera confianza mutua.

Mons. Pérez Pueyo hizo una defensa firme del papel fundamental que juegan los laicos en la Iglesia de hoy. Frente al debate recurrente sobre la escasez de vocaciones sacerdotales, el obispo matizó que el verdadero reto radica en la «falta de discípulos valientes», asegurando que «el Espíritu Santo no desciende sobre espectadores, sino sobre personas dispuestas a implicarse».

En este sentido, el obispo se mostró profundamente esperanzado al vislumbrar la acción silenciosa del Espíritu en tantas realidades vivas de Barbastro-Monzón: desde los animadores de la comunidad, catequistas y voluntarios de Cáritas , hasta los matrimonios entregados, los sacerdotes ancianos y fieles, o los jóvenes que rompen moldes para propiciar el encuentro con Cristo. Durante la misa, se realizó el envío de dos nuevas animadoras de la comunidad: la religiosa de Santa Ana de Fraga, sor Mercedes, y sor Tabitha, carmelita descalza de Graus.

El encuentro concluyó con una oración compartida invocando al Espíritu Santo con el deseo de que la diócesis siga consolidándose como una auténtica familia «donde nadie camine solo».

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