Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del XVI Domingo del tiempo ordinario – A – (19/07/2026)
Hoy el Evangelio (Mt 13, 24-43) nos ha dado sobredosis de parábolas: tres nada menos. Tomadas todas del contexto cotidiano en el que transcurría la vida de los oyentes de Jesús; pero el párroco ha preferido centrarse en la de la cizaña que apareció en el campo junto al trigo. A mí, esta parábola me ha suscitado la pregunta de saber por qué había cizaña en un campo donde se había sembrado una buena semilla. Jesús ha de explicármelo enseguida…
– Hoy he de hacerte una pregunta y, además, decirte que en lo de la cizaña he encontrado una sorpresa -me he sincerado con él mientras nos servían este reconfortante café dominical-.
– Pues empieza por la sorpresa -me ha dicho llevándose la taza a los labios-.
– Lo que me ha sorprendido, y no sólo a mí, sino que también sorprendió a los criados, es que el amo decidiera esperar a la siega para eliminar la cizaña; ellos querían arrancarla cuanto antes para que no ahogase el crecimiento de las espigas de buena semilla que ya apuntaban, pero el dueño del campo prefirió correr un riesgo y esperar hasta la siega. No era esto lo que hacían los campesinos de Palestina; ¿por qué diste un giro al relato, siendo que tus parábolas acostumbraban a reflejar con exactitud el modo de actuar de aquella gente?
– Eres muy sagaz al reparar en este detalle -me ha dicho sonriendo-. Pero en él tienes ya la respuesta: precisamente quise subrayar con ese detalle que la decisión del padre de familia fue la de esperar. Ya llegará el tiempo de la siega, y el juicio de Dios pondrá todo en claro; mientras tanto, el “enemigo” que esparció la cizaña por el campo, tenía tiempo para rectificar, porque “Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva”, como os anunció Ezequiel.
– ¿A pesar de los riesgos que comporta la espera?
– A pesar de esos riesgos. Todo juicio antes de tiempo es una intromisión en el plan del señor de la casa, porque él se ha reservado el juicio. Con frecuencia, la situación del mundo es difícilmente soportable para los discípulos del Reino, y comporta la tentación de que tengáis que elegir entre la confianza en el Padre o vuestro personal deseo de poner orden de inmediato, sin esperar al día de la siega.
– ¿Me estás recordando que “Diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento»”, como he escuchado en la primera lectura? Se requiere una gran fe y madura sabiduría para pensar así.
– Así es. Y, además de la sorpresa que te ha producido la espera para arrancar la cizaña, también tenías que hacerme otra pregunta. Hazla ya, que el tiempo corre -me ha recordado-.
– Mi pregunta ya casi está hecha: ¿por qué apareció la cizaña, siendo que el dueño sembró buena semilla? O, si lo prefieres: ¿por qué nos topamos cada día con tanta corrupción, con tantos inocentes indefensos eliminados, con tantas rencillas y rupturas como provocamos, siendo que el Padre, cuando creó al hombre, vio que lo que había hecho era muy bueno?
– También te lo respondo con la parábola: la cizaña son los partidarios del Maligno y el enemigo que la siembra es el diablo. ¿Por qué, si no, os enseñé a rezar: «Líbranos del Maligno»? ¿Deseas de corazón verte libre del Maligno?
Lectura del santo Evangelio según san Mateo (13, 24-43).
En aquel tiempo, Jesús les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña? Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?” Pero él les respondió: No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».
Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas».
Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta». Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo».
Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». Él les contestó:
«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».
Palabra del Señor.