Y dejas, Pastor santo

Pedro Escartín
16 de mayo de 2026

Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del VII Domingo de Pascua. Ascensión del Señor – A – (17/05/2026)

 

Hoy no puedo resistir el impulso de paladear la Oda a la Ascensión, de Fray Luis de León. ¡Qué estrofas tan hermosas! Siento un profundo desvalimiento cuando resuenan en mi alma estos versos:

«Aqueste mar turbado

¿Quién le pondrá ya freno? ¿quién concierto

al viento fiero airado?

estando tú encubierto,

¿qué norte guiará la nave al puerto?»

No quiero que el café de hoy sea un comentario de textos, pero no me es posible escuchar el Evangelio de esta fiesta de la ascensión (Mt 28, 16-30) sin recordar al maestro salmantino, he dicho a Jesús cuando hemos tenido nuestros cafés al alcance de la mano.

– ¿Por qué te sientes desvalido, si fray Luis escribió que me fui al «al inmortal seguro» y allí me aguardaba el Padre…?

– … mientras tu grey se quedaba «en este valle hondo, oscuro, con soledad y llanto». ¿No voy a sentirme desvalido con lo que experimento cada día?

– ¿Qué es lo que hace que te sientas tan desvalido? -me ha preguntado después de tomar un sorbo de café-.

– Lo que fray Luis describió con mano maestra: ¿Quién pondrá ya freno a este mar turbado? ¿No es inquietante que no sepamos frenar tantas guerras absurdas o que crezca cada día la agresividad entre nosotros? En lugar de dar voz al respeto, aumentamos los decibelios del ruido de los conflictos. ¿Quién será capaz de frenar este mar tan turbado?

– ¡Pues vosotros! -ha dicho con rotundidad mirándome a los ojos-: para eso contáis conmigo. Antes de que partiera hacia el Padre os dije: «Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos». Si no siguiera cada día con vosotros, ¿seríais capaces de mantener en pie vuestra Iglesia? ¿Seríais capaces suscitar en ella tantos hombres y mujeres como a lo largo de la historia han entregado su vida para servir a los pobres, y la siguen entregando? Con toda claridad lo ha puesto de manifiesto mi vicario León en su primera exhortación apostólica.

– Pero deseamos tanto palpar tu ayuda… -me he lamentado-.

– Ya lo sé -me ha replicado-. Aún veo a Pedro gritando: “Señor, sálvame” cuando arreció el viento en el lago; yo lo agarré de la mano y le dije: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?» ¿Tendré que seguir llamándoos hombres de poca fe?

– Me temo que sí. En el día de tu ascensión, los Once discípulos fueron a Galilea y al verte se postraron, ¡y aún entonces algunos dudaron…! No te extrañe que, con fray Luis, me lamente:

¡Ay! nube envidiosa

aun de este breve gozo ¿qué te quejas?

¿dó vuelas presurosa?

¡cuán rica tú te alejas!

¡cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!

– Pero no os quedáis huérfanos: sigo con vosotros y os voy a enviar al Paráclito…

 

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (28, 16-20).
En aquel tiempo, los Once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».
Palabra del Señor.

Este artículo se ha leído 35 veces.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Compartir
WhatsApp
Email
Facebook
X (Twitter)
LinkedIn

Noticias relacionadas