La diócesis de Tarazona celebró el Domingo de Resurrección con dos actos en la ciudad de Tarazona: el Encuentro entre Jesús Resucitado y la Virgen María y la posterior Misa de Pascua, presidida por el obispo, Mons. Vicente Rebollo. Ambos momentos congregaron a numerosos fieles en la explanada y en el interior de la S.I. Catedral.
Un Encuentro lleno de simbolismo y emoción
Antes de la eucaristía tuvo lugar el esperado Encuentro entre Jesús Resucitado y su Madre, organizado por la Cofradía de la Resurrección, con la participación de la Cofradía del Santo Cristo de los Afligidos —encargada de portar la imagen de la Virgen— y, en esta ocasión, también de la Cofradía de las Siete Palabras y el Santo Entierro, que acompañó con tambores y bombos.
Como es tradición, el acto se desarrolló en la explanada de la Catedral, donde numerosos vecinos y visitantes presenciaron el momento en que ambas imágenes se encontraron. Antes del abrazo simbólico, fue retirado el velo y el luto de la Virgen, que pasó a lucir un vestido azul, signo de la alegría por la Resurrección de su Hijo. La suelta de palomas y el baile de una jota completaron un acto profundamente emotivo, tras el cual las imágenes entraron en la Catedral para presidir la misa.
La Misa de Pascua, presidida por Mons. Rebollo
La eucaristía estuvo presidida por el obispo de Tarazona, acompañado por el vicario general, Javier Bernal, los sacerdotes Antonio Latorre, Luis Zardoya, Cirilo Ortín y Javier Calvillo, así como por el diácono permanente Miguel Ángel Peña. Asistieron también el alcalde de la ciudad, Tono Jaray, y miembros de la corporación municipal. El Coro de la Catedral solemnizó la celebración, que concluyó con la bendición papal con indulgencia plenaria impartida por Mons. Rebollo.
“La vida tiene la última palabra”
En su homilía, el obispo invitó a los fieles a vivir con profundidad la alegría pascual y a dejarse transformar por la fuerza de Cristo Resucitado. Subrayó que la Pascua “renueva la vida del hombre” y que, gracias a la Resurrección, “sabemos que no vamos a fracasar ni que las pasiones o los pecados tendrán la última palabra, porque la última palabra la tiene la vida en mayúsculas”.
Mons. Rebollo animó a buscar a Cristo “donde hay amor, esperanza y obras buenas”, recordando que no se le encuentra “en el lugar de los muertos”, sino allí donde la caridad ilumina la vida de las personas. Puso como ejemplo a María Magdalena, que buscaba a Jesús en el sepulcro sin comprender que Él ya había vencido a la muerte.
El obispo insistió en la importancia de la comunidad cristiana, donde Cristo se hace presente en la oración, los sacramentos, la caridad y la vida fraterna. También alentó a reconocer a Jesús en los más pequeños y vulnerables: “Lo que hagáis a uno de estos pequeños, a mí me lo hacéis”.
Asimismo, invitó a los fieles a no poner límites al amor de Dios y a dejar que Cristo viva en sus corazones: “Su vida es nuestra vida; somos grandes por ello”. Animó a vivir la Pascua como un tiempo para redescubrir la presencia del Resucitado y para ayudar a otros bautizados a reavivar su fe.
Finalmente, encomendó a los presentes a la Virgen María, “que nos ayuda a mirar a Cristo vivo y a descubrirlo en quienes hacen el bien”.
Se celebró así una jornada marcada por la fe, la tradición y la alegría pascual, en la que la comunidad cristiana de Tarazona volvió a reunirse para proclamar que Cristo ha resucitado y renovar la esperanza que brota de este misterio central de la fe.














