Alfonso Sobaberas, sacerdote de la Archidiócesis de Zaragoza, cumple cien años

Rocío Álvarez
13 de marzo de 2026

El próximo 30 de marzo, don Alfonso Sobaberas cumple cien años de vida. Su habitación del Seminario de San Carlos,  donde reside, transmite paz y orden. Su escritorio, cerca de una ventana que le provee de una cálida luz, es pequeño pero suficiente para albergar los libros que ahora esta leyendo: «Ahora que tengo mas tiempo libre», – comenta- «estoy leyendo de nuevo la ‘Historia de la Iglesia'».

Su rostro trasmite paz y mucha amabilidad. Le saludo con ternura y admiración. Es un sacerdote entregado y fiel con la dicha de haber podido ejercer su ministerio, en la eucaristía, en el confesionario, hasta hace poco tiempo. Le comento que le quiero hacer unas fotografías en el pasillo que hay nada mas salir de su habitación, en el que lucen unas hermosas vidrieras. En las manos sostiene el libro de la colección que ahora quiere saborear de nuevo. Le agradezco que se haya prestado a este posado. Esta fotografía busca acompañar una entrañable entrevista que le han realizado desde su parroquia, la de San Miguel de los Navarros, a la que este sacerdote diocesano ha dedicado más de cuatro décadas. Me despido de don Alfonso, agradeciéndole su amabilidad, su tiempo y su vida. ¡Felicidades don Alfonso!

Reproducimos a continuación la entrevista realizada por la parroquia de San Miguel:

¿Qué representa este día para usted? No lo he pensado todavía. Quizás un día como los demás… un parón para coger fuerzas, porque la vida sigue y no me faltan las ganas de vivir.

Cien años son muchos años. ¿Qué momentos importantes han marcado su vida? Uno de ellos, el primero tal vez, fue el de la muerte de mi madre. Yo tenía 34 años y podía reorganizar mi vida. Así que al año siguiente me fui al seminario de vocaciones tardías de Salamanca para iniciar los estudios que me llevarían al sacerdocio. Estudiar a mis 35 años no era fácil, era algo así como el niño que va por primera vez a la escuela, iniciar una nueva vida en definitiva. Otro momento importante fue cuando ingresé en el Opus Dei. Fue después de haber sido ordenado sacerdote, aunque hacía tiempo que lo conocía. Cuando trabajaba, fui presidente de los Jóvenes de Acción Católica de mi parroquia en Torrero y mi antecesor era de la Obra. Sus sacerdotes me ayudaron en mi decisión.

Ha estado 42 años en la Parroquia de San Miguel. ¿Qué ha significado en su vida? He encontrado en ella una familia. Los sacerdotes han sido como mis hermanos. Y con la gente, me he sentido como en casa. Estaba tan a gusto que no aspiraba a cambiar. Siempre he dicho que San Miguel era una «parroquia piloto», por el clima de unión que allí se respiraba.

¿Y el confesionario? He pasado allí muchas horas y me he sentido feliz. Yo que soy pecador, y que necesito por ello la confesión, he experimentado la gracia de Dios en las personas que venían atribuladas y que se iban alegres, liberadas. Ha sido el sacramento del perdón el que más me ha ayudado a realizarme como sacerdote.

Hablemos de la Iglesia. ¿Cómo la ve ahora? ¿Con qué papa se ha identificado más? Con san Juan XXIII y san Juan Pablo II, con los dos. Y mi visión actual de la Iglesia es que sufre también las crisis de nuestro tiempo. Como la familia, como la política, como la sociedad en definitiva. Confiemos en el papa León XIV…

En clave de esperanza acaba nuestra conversación. Le felicitamos por su cumpleaños y nos responde con un «Gracias» que le sale del corazón.

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