Qué es lo que cuenta

Pedro Escartín
21 de febrero de 2026

Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del I Domingo de Cuaresma – A – (22/02/2026)

Hemos iniciado hoy la Cuaresma y en el Evangelio (Mt 4, 1-11) hemos escuchado el relato de las tentaciones que Jesús experimentó en el desierto después de haber hecho penitencia durante cuarenta días. ¿Por qué tuvo que ayunar y por qué fue tentado antes de que empezara a predicar? El evangelista advierte que fue el Espíritu quien lo empujó al desierto “para ser tentado”. ¡Qué extraño! El mismo Espíritu que bajó sobre Jesús al ser bautizado ahora lo pone frente a la tentación después de una prolongada penitencia. ¿Por qué?

– No sólo resulta extraño para ti. También el papa Benedicto se preguntó algo parecido y dejó escrita su reflexión -me ha dicho Jesús después de que yo hubiera compartido mis cuitas con él y, una vez sentados, ha proseguido con su café entre las manos-:

-Esa penitencia durante cuarenta días (no olvides que cuarenta es un número simbólico en la Biblia) me preparó para la lucha interior que tuve que librar para cumplir la misión que el Padre me había encomendado: lucha para sortear las desviaciones, que muchas veces aparentan ser el camino más recto y eficaz. Yo debía entrar en el drama de vuestra existencia humana, si quería cargar con vosotros como “ovejas descarriadas” y devolveros al redil. El autor de la Carta a los Hebreos escribió que yo “tenía que parecerme en todo a mis hermanos (a vosotros) para ser compasivo y pontífice fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo”. De este modo expresó que mi solidaridad con vosotros me expondría a los peligros y amenazas que comporta el compartir vuestra naturaleza humana.

– Espera un poco y vayamos paso a paso -le he dicho al apagarse el eco de su voz, que me ha sonado como si fuera una torrentera-. Si he entendido bien, para que llegaras a ser solidario con la humanidad herida, debías gustar la lucha interior que comporta adherirse a lo bueno frente al impulso que el egoísmo y los caprichos producen en nosotros un día sin otro…

– Así es en efecto: el autor de la Carta a los Hebreos, inspirado por el Espíritu Santo, escribió que debía ser solidario con vosotros “para ser compasivo y pontífice”. Solo se es compasivo cuando se ‘padece con el otro’ su debilidad y sólo se es pontífice cuando, como las vigas del puente, soportas la tensión entre ambas orillas y el peso de los que pasan por encima…

He permanecido en silencio algo más de un minuto mientras sus palabras se grababan en mi memoria hasta que he reaccionado como si un relámpago me hubiera iluminado:

– Ahora me doy cuenta de por qué el Espíritu quiso que fueses tentado y por qué las tentaciones acompañaron toda tu existencia, sobre todo en los momentos más dramáticos de tu vida humana: en Getsemaní, cuando la angustia por el dolor que se cernía sobre ti te hizo sudar sangre; en el Calvario, cuando los jefes del pueblo y uno de los bandidos te instaban a bajar de la cruz si eras Hijo de Dios; ante Pilato, que pretendió exhibir su autoridad ante ti…

– La lucha interior por cumplir mi misión estuvo presente desde el principio. Esas tentaciones os descubren que el núcleo de toda tentación está en la respuesta que dais a la pregunta sobre qué es lo que verdaderamente cuenta en la vida: ¿apartar a Dios ante lo que parece más urgente? ¿el pan antes que Dios? Entonces, Él pasa a ser algo secundario, superfluo o molesto…

¡Qué fuerte! Espero que el café de los próximos domingos sea menos intenso.

 

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (4, 1-11).
Entonces Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Pero él le contestó: «Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”». Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”». Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto». Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.
Palabra del Señor.

Este artículo se ha leído 40 veces.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Compartir
WhatsApp
Email
Facebook
X (Twitter)
LinkedIn

Noticias relacionadas