Emma Querol, nueva responsable de Jóvenes de Acción Católica General: «O la Iglesia es en salida, o no es»

David López
18 de enero de 2026

La aragonesa Emma Querol ha asumido recientemente el servicio de responsable de Jóvenes de la Acción Católica General. Lo hace tras un proceso de discernimiento vivido en comunidad y desde una fe joven, comprometida y misionera. En esta entrevista concedida a Iglesia en Aragón, comparte las claves de su vocación, su mirada sobre los jóvenes y la Iglesia, y los retos de una pastoral juvenil llamada a anunciar el Evangelio con audacia y esperanza.


Emma Querol con la catedral de su ciudad, Huesca, de fondo.

Emma, ¿cómo recibes este nuevo servicio dentro de Acción Católica? ¿Qué fue lo primero que sentiste cuando te comunicaron la elección?

Con el corazón abierto y muy dispuesto, gracias al tiempo de discernimiento en el que mis acompañantes, mi familia y la asociación me han ayudado a preparar el corazón. He de decir que cuando Dani me comunicó la decisión del pleno de presidentes sentí vértigo por la confianza que la asociación ha depositado en mí para llevar a cabo esta tarea y también mucho agradecimiento a Dios por contar conmigo para este servicio.

Vienes de una trayectoria muy comprometida en tu diócesis de Huesca. ¿Qué experiencias locales te han marcado más y te ayudan ahora a mirar la misión nacional?

En Huesca sentí una llamada muy fuerte a servir a la Iglesia desde un laicado comprometido. Supongo que esta llamada parte del profundo amor a la Iglesia que me han transmitido en mi casa y mis acompañantes. Una frase que me ha acompañado varios años y que cada día me repito en esta nueva misión es «todo por la Iglesia». Este lema me recuerda que todo lo que hago tiene que ir enfocado a Jesús y materializado en su Cuerpo, la Iglesia.

Quizá algunas de las experiencias que más me han marcado han sido reconocerme en otros jóvenes de la Iglesia y también fuera de ella, acompañar a jóvenes que, como yo, buscan la santidad en la vida cotidiana y quieren perseverar en el amor a Cristo. De cara a la misión nacional, también me ayudan mucho las experiencias más prácticas y organizativas aprendidas en la diócesis.

En tu presentación dijiste que este “sí” lo das en comunidad. ¿Qué papel han tenido tu grupo, tu parroquia y tu familia en este discernimiento?

Han tenido un papel fundamental. Mis padres fueron los primeros en mostrarme su apoyo y confiaron plenamente en mi discernimiento. Mis acompañantes y mi novio fueron quienes me dieron más luz ante las dudas que iban surgiendo en el camino. Y mi equipo de vida y mi parroquia fueron los que me empujaban con ilusión a decir que «sí» a esta misión.

En la mochila llevo a muchas personas que durante el discernimiento fueron la luz de Dios para descubrir cuál era su voluntad y hoy sigo contando con ellas.

La Acción Católica habla mucho de “ser Iglesia en salida”. ¿Qué significa eso hoy para una joven de tu generación?

Creo que para los jóvenes hoy, o la Iglesia es en salida, o no es. Está claro que lo que se ha hecho siempre ya no sirve, pero sentimos una necesidad que va más allá. El mundo se muere de sed y muchos jóvenes intentan llenar un vacío existencial con lo que conocen, que no suele ser Jesucristo porque no lo conocen.

Los jóvenes somos quienes más experimentamos que debemos estar en salida para dar respuesta a esa sed de Cristo que tiene el mundo y cumplir la misión que nos dio Jesús: «Id y haced discípulos» (Mt 28,19).

¿Cuáles crees que son las principales búsquedas o heridas de los jóvenes que la Iglesia debería escuchar más?

Una de las principales búsquedas de los jóvenes son los referentes, personas que les den luz a sus vidas, en las que fijarse y con las que poder reconocerse. Hoy hay muchos referentes, sobre todo en redes sociales, pero no son referentes comprometidos con un mensaje esperanzador y realista, no miran el mundo con amor y ganas de hacerlo mejor.

Desde la Iglesia tenemos mucho que hacer y decir. Tenemos que escuchar a los jóvenes y darles un mensaje de amor y de esperanza. A muchos les falta un sentido para sus vidas y les falta saber que hay alguien que los ama como son y quiere que sean mejores personas, y les falta saber que ese alguien es Jesús.

¿Cómo imaginas una pastoral juvenil que realmente evangelice y llegue a los alejados sin miedo ni etiquetas?

Imagino una pastoral que se sienta a escuchar a los jóvenes, que desde la escucha con el corazón abierto trabaje con ellos y para ellos. Una pastoral que no tenga miedo a anunciar la Verdad del Evangelio.

Una pastoral con corazón de Madre, como la Iglesia, que acoge y acompaña a todos los jóvenes sin distinción; pero también con corazón de Maestra, como la Iglesia, que enseña el camino hacia la santidad y la felicidad.

¿Qué te inspira el lema del próximo trienio o la línea de trabajo que se abre en la ACG para los jóvenes?

Es verdad que todavía no hay un lema concreto, pero a nivel personal me he fijado el lema de vida de san Pier Giorgio Frassati, joven de la Acción Católica Italiana: «Verso l’alto», «Hacia lo alto».

Pier Giorgio era un joven comprometido con la Iglesia, con los pobres y con la política. San Juan Pablo II lo llamó «el hombre de las bienaventuranzas» por su búsqueda de la santidad en la vida cotidiana, y creo que eso es lo que buscamos los jóvenes de la Acción Católica General.

En un mundo tan acelerado y digital, ¿cómo se puede vivir una fe encarnada, comprometida y alegre?

La fe tiene que encarnarse y concretarse en los sacramentos y en la vida comunitaria. Esto último es esencial y muchas veces se nos olvida. La fe, para ser vivida, tiene que ser compartida. Hoy ser joven católico es muy complicado, es ir a contracorriente, y por eso es importante tener un grupo y una comunidad de referencia donde formarse, rezar, celebrar y vivir la fe.

Los procesos de la vida de fe necesitan paciencia, perseverancia y trabajo. Si se hacen en comunidad, el camino es más liviano. Ir conociendo a Jesús y perseverar en la fe te lleva a asumir compromisos y responsabilidades y a vivir la alegría cristiana, que nace del servicio a los demás. La alegría del cristiano nace de lavar los pies a los hermanos.

Has dicho alguna vez que “el Espíritu sigue soplando”. ¿Dónde lo ves hoy en la vida de los jóvenes y en la Iglesia?

Es una frase que he escuchado en varios procesos de discernimiento en la ACG y tengo la certeza de que es así. A pesar del mundo en el que vivimos, sigue habiendo jóvenes valientes que levantan la voz para decir que siguen a Jesús, que van a misa, que viven los sacramentos y que forman parte de una comunidad.

Creo que el Espíritu impulsa nuevos evangelizadores y nuevas formas de llegar a los demás con los medios actuales. Esos jóvenes que proclaman el Evangelio con obras y palabras son soplos del Espíritu que enriquecen a la Iglesia y que debemos acompañar, guiar y cuidar.

¿Qué mensaje te gustaría lanzar a los jóvenes de las diócesis aragonesas que todavía no conocen la Acción Católica General?

Les invitaría, en primer lugar, a acercarse a su parroquia, a conocer a la gente, a disfrutar del diálogo intergeneracional y a ponerse al servicio de la comunidad con sus dones y talentos, sin miedo. Como en la parábola del Evangelio, el Señor los multiplica cuando los ponemos al servicio de su Reino.

Y, sobre la Acción Católica General, me gustaría decir quiénes somos los jóvenes de la ACG: jóvenes comprometidos con nuestras parroquias y con el mundo por amor a Jesús y a los hermanos. Jóvenes normales que buscamos la santidad en nuestra vida cotidiana y que caminamos juntos, apoyados por nuestro equipo de vida, siempre «hacia lo alto».

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