Las Cáritas aragonesas apuestan de manera firme por la economía social, generando 139 puestos de trabajo con una inversión de casi tres millones de euros

Las personas en riesgo de exclusión tienen una tasa de paro siete veces superior al resto de la población activa. Con el objetivo de ayudar a reducir esta brecha, las Cáritas en Aragón acompañaron el año pasado a 2.853 personas en la búsqueda de trabajo. 1 de cada 5 personas que participó en algunos de nuestros programas e itinerarios logró reinsertarse en el mercado de trabajo, en total 582 personas accedieron a un puesto de trabajo.

Así lo refleja el Informe de Empleo y Economía Social, que un año más rinde cuenta –en torno al Día Internacional del Trabajo- de la actividad desarrollada por Cáritas en nuestra comunidad autónoma en un contexto marcado por el incremento de la inestabilidad y la precariedad laboral.

Cáritas dedicó el año pasado la cifra record de 5.149.442,29 euros a todas sus iniciativas de empleo. De este total 2.358.444,01 euros fueron destinados a programas de empleo, que incluye orientación laboral, intermediación empresas y formación y, cerca de 3 millones de euros a economía social (empresas de inserción, centros especiales de empleo, etc.).

En la última década, Cáritas ha logrado convertirse en una de las mayores promotoras de empresas de inserción tanto a nivel nacional como en Aragón. Actualmente, cuenta con 5 iniciativas de economía social en actividades como el reciclaje textil, jardinería, recuperación de muebles, limpieza etc. Estos proyectos generan 139 puestos de trabajo, de los cuales 104 son ocupados por personas en situación de exclusión. Este tipo de iniciativas no solo crean puestos de trabajo para las personas atendidas por Cáritas, sino que además tienen un importante impacto medioambiental, sobre todo, en el ámbito del reciclaje textil.

El perfil de los participantes en los programas de empleo durante este año 2023 se mantiene similar a años anteriores, siendo la mayoría mujeres, mayores de 45 años y con estudios básicos. Pero detrás de estos perfiles, se dan multitud de situaciones aisladas o que se suman y que hay que ir superando para lograr el objetivo de la inserción laboral. En muchas ocasiones, nos encontramos con personas que carecen de competencias digitales, presentan dificultades de aprendizaje, escasa experiencia laboral o problemas de conciliación familiar, además de graves carencias socioeconómicas y baja autoestima que les lleva a la desmotivación. Esta realidad requiere de una atención integral e individualizada, con metodologías que faciliten el aprendizaje y contribuyan a superar las dificultades que les alejan del marcado normalizado de trabajo.

El Informe de empleo y economía solidaria 2023 destaca la necesidad de poner en práctica una economía que priorice lo esencial y lidere un nuevo modelo económico centrado en las personas y el cuidado de la vida.

La apuesta de Cáritas por el modelo de economía solidaria pasa por defender una economía que escuche y atienda las necesidades tanto de las personas trabajadoras y consumidoras como de las empresas. Una economía que cuide, que se ocupe de las personas y sus condiciones de trabajo, al tiempo que cuide el medio ambiente. Una economía que sume, porque es la economía del bien común y la cooperación, la que suma beneficios para las personas. Y una economía que cambie, que es transformadora tanto en lo personal, como en lo colectivo.

En palabras de Pedro A. Melero, presidente de la entidad:Como sociedad, cada recurso invertido en programas de capacitación profesional y de acceso al empleo conlleva un retorno en el medio y largo plazo tanto desde la dimensión social como desde el ámbito económico. A través de estos programas, las personas ganan en autoestima, en reconocimiento social y en acceso a derechos y, además, contribuyen de un modo activo al desarrollo económico común a través de su contribución en impuesto y en consumo”.

En este contexto, Cáritas proporciona a las personas más vulnerables los recursos necesarios para mejorar su empleabilidad, de manera que puedan colocarse en igualdad de condiciones ante un mercado laboral cada vez más competitivo y con peores condiciones.