Monzón celebró ha celebrado el cierre de los actos conmemorativos del 400 aniversario de la llegada de las Clarisas a la ciudad. La jornada comenzó con el descubrimiento, por parte del obspo de la diócesis, Ángel Pérez, y del alcalde, Alvaro Burrel, de una placa en la que Monzón felicita a la Orden de Santa Clara en esta efemérides. A continuación, Pérez ofició la eucaristía, tras la cual se estrenó un himno compuesto para la ocasión.

El obispo, que se dirigió en nombre de la abadesa del Monasterio de la Inmaculada  a los asistentes, destacó que en este lugar «se halla escrita la vida de cientos de mujeres que consagraron su alma al Señor» y nombró una por una a sus actuales moradoras: Sor María Catalina, Sor María Pilar, Sor María Visitación, Sor María Gracia, Sor María Alegría, Sor María del Carmen, Sor María Soledad, Sor Lucía María, Sor María Luz, Sor María Madre del Socorro, Sor María Paulette, Sor Clara María y la hermana Marisa. «Muchos al entrar en el monasterio exclaman con resignación “‘mal empleadas, qué desperdicio este ramillete de mujeres…’ Pero ellas realizan, aunque resulte paradójico, la más excelsa función de los hombres libres: unir el Universo con Dios», destacó. El obispo, que dio las gracias a Álvaro Burrel y la corporación montisonense, señaló que «hoy Monzón no se entendería sin la presencia de estas hermanas pobres de Santa Clara, mujeres que oxigenan y santifican la vida de tantos montisonenses». Porque, como había afirmado antes los que se congregaron en la celebración, «los monasterios son en el mundo de las almas lo que en las grandes ciudades sus jardines. Preservan la pureza de la atmósfera, recogen la luz y atesoran el silencio sin el que toda palabra sería vana.

Este monasterio fue fundado por cuatro hermanas procedentes de Lérida el 2 de agosto de 1618 y gracias al legado de Juana de la Torre. La plaza de Santo Domingo albergó su primera ubicación. Cuatro siglos de vicisitudes llevaron a la comunidad a tener que dejar en varias ocasiones la ciudad, a la que siempre regresaron. El actual monasterio, escenario de las Noches Claras que reúnen a los jóvenes de la diócesis, fue inaugurado con su denominación el 17 de septiembre de 1961. Hoy en día dispone de un obrador artesanal, y realzan formas para la eucaristía y labores de bordado, así como restauración de ornamentos para el culto y para particulares. Cuentan, también, con una pequeña casa de acogida para grupos de oración que funciona sobre todo en verano y otoño.