¡Ven, Espíritu Santo!

                Lamentablemente, el Espíritu Santo no ha sido tenido muy en cuenta en la vida de la Iglesia en Occidente, ni en nosotros, ni en la teología católica del pasado siglo XX. Gracias a Dios, se va recuperando la vivencia de su persona y de su misión en el mundo, en la Iglesia, en nosotros, en la teología. Y con fuerza, creo.

                ¡Bendita realidad!

                Pero… ¡cuánto nos falta todavía para permitir que la acción del Espíritu Santo la acojamos en nuestra vida personal de cristianos, en nuestras comunidades parroquiales, en nuestros grupos! Tarea interminable. El Espíritu Santo no se agota. Nosotros podemos cansarnos, sí. Entonces: ¡Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor!

                ¡Necesaria oración!

“El problema es: ¿quién es el Espíritu Santo? La respuesta no es fácil, porque el Espíritu Santo es Dios, está dentro de nosotros. Nosotros recibimos el Espíritu Santo en el Bautismo, lo recibimos en los sacramentos. El Espíritu Santo es el que nos acompaña en la vida. Pensemos esto y digámoslo juntos: “el Espíritu Santo nos acompaña en la vida”. Todos juntos: “el Espíritu Santo nos acompaña en la vida”. Es Aquel que nos habla en el corazón y nos sugiere las cosas buenas que debemos hacer. Otra vez: “el Espíritu Santo nos acompaña en la vida”. Es Aquel que cuando hacemos algo mal nos reprende por dentro. “El Espíritu Santo nos acompaña en la vida”. Ya lo han olvidado, no los escucho, ¡otra vez! El Espíritu Santo es el que nos da la fuerza, nos consuela en las dificultades. Juntos: “el Espíritu Santo nos acompaña en la vida”. (FRANCISCO. 26 mayo 2024. A 50 mil niños: homilía misa en el Vaticano.

La cuarta Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) se celebró en Uppsala, en Suecia, en 1968. En ella, el Patriarca Ignacio IV de Antioquía habló así del Espíritu Santo en un texto que se hizo famoso.

Sin el Espíritu Santo,

Dios está lejos,

Cristo permanece en el pasado,

el evangelio es letra muerte,

la Iglesia es una pura organización,

la autoridad es tiranía,

la misión es propaganda,

la liturgia es simple recuerdo,

y la vida cristiana es una moral de esclavos.

Pero en el Espíritu,

y en una sinergia indisociable,

el cosmos es liberado y gime en el alumbramiento del

Reino,

el hombre lucha contra la carne,

Cristo resucitado está aquí,

el evangelio es una fuerza vivificadora,

la Iglesia significa la comunión trinitaria,

la autoridad es un Pentecostés,

la liturgia es memorial y anticipación,

y la acción humana es divinizada.

  • Espíritu Santo, ¡ven!
  • Pero… si nunca me he ido.
  • Entonces… somos nosotros los que hemos de ‘ir’ a Ti. Acogerte, sentirte, obedecerte.
  • Sin duda, solo así la Iglesia será lo que el Padre y Cristo quieren.

El Espíritu Santo, ¿está con nosotros y actuando en nuestras vidas?

El, sí. ¿Nosotros con Él?

Nosotros con Él renovaremos la faz de la tierra.

Él con nosotros lo hará posible.

Nosotros sin Él, NUNCA.