Hoy quiero compartir con vosotros una carta de amor muy personal… de cuando tenía 15 o 16 años. Sí, de amor. De vida. De esperanza…

Se trata de una carta que escribimos en el colegio. No recuerdo bien para qué; un concurso, un trabajo voluntario… ¿El tema? Aborto.

Como este domingo aquí en Madrid salimos a la calle para defender La vida, he pensado que sería bonito compartir lo que defendía entonces y ahora.

Creo que sería bueno hacer llegar esta carta especialmente a adolescentes románticas/os como yo (disculpad la cursilería del final, se nota que me encantan las novelas vicorianas y Jane Austen). Es broma, es apto para todos los públicos… En ella se resume bien la angustia de muchas futuras madres, la confusión, la presión por parte de los más cercanos…

 

Título: ¡¡Qué bueno que existas!!

Queridísima Elena:

¿Está mejor tu madre? Espero que sí, mucha tranquilidad y a seguir luchando. 

Pensé que, si te escribía una carta, te sentirías mejor, ya que hablando las palabras se escapan sin poder retenerlas, y aquí puedes entretenerte y yo arrancarte una sonrisa con suerte. 

La historia de tu madre me ha conmovido. A pesar de su embarazo prematuro y las dificultades que suponía, ella nunca se hecho para atrás. Debía ser duro que el médico le dijera que el feto sufría malformaciones y que podía tener algún tipo de retraso físico o mental. 

-“Todos le incitaban a abortar”- me decía Concha, la amiga de tu madre: “recuerdo que yo le decía lo mejor es abortar, hay que ser valiente y afrontar la situación.”

Entonces fue cuando le contesté:

“La verdadera valentía no está en quitar la vida, sino en cuidarla y defenderla como un tesoro.”

Además, esa no es una solución ética, estás matando a un indefenso, ese embrión es único, ningún otro puede reemplazarlo. Y lo más importante: no estás actuando contra tu cuerpo, sino sobre una persona distinta.

A pesar de estas razones, tu madre lo tenía claro, no necesitaba nada más.  Y eso, a día de hoy, me enorgullece.  ¿Y sabes por qué? Porque además de su valentía y su amor, dio a luz a la persona más importante de mi vida. Porque sin ti, solo sería una mitad. A veces pienso que sin el valor de tu madre no existiría, y yo ya no sería el mismo. Tu voz es el sonido que columpia mis pensamientos, que divierte mis sueños y alimenta mi esperanza y mi futuro. Gracias por querer ser la persona más importante para mí. Tu forma de ser tan afable, simpática, alegre, tan dulce, todo te hace ser especial, la mejor mujer del mundo. Por eso rezo todos los días para que sigas siendo tú, el ángel de mis sueños, el único en mi cielo.

Aunque tengas dificultades para andar, tienes valores mucho más importantes, que es lo que verdaderamente te hace única. Te admiro. A ti y a tu madre. Bueno, espero que te haya gustado la carta, por lo menos guárdala en un rincón de tu corazón. Siempre tendrás mi mano tendida para cuando la necesites…

¡Qué bueno que que existas!

Siempre a tu lado,

Joaquín

***

 

Hasta aquí la carta de mi Isabel adolescente, donde quise gritar al mundo que “eso” de lo que una persona se “desprende” es una PERSONA, con la misma capacidad de AMAR y el corazón igual de grande que la persona que está leyendo esto ahora mismo. A pesar de las dificultades físicas que pudiera tener esta persona (imaginaria, pero hay casos reales así, ¡muchos!), tiene la libertad de vivir y amar, y eso ¿quién tiene derecho a quitarlo?

¿Ganaría el concurso esta carta en mi colegio? No lo sé, lo que sé es que en esta carta gana el amor. Ojalá fuera así siempre…