Llevamos semanas enfrentándonos casi cada día a nuevos retos. El del próximo lunes, con la reapertura de nuestras iglesias si se pasa a la fase 1, será otro para el que las parroquias, sacerdotes, religiosos y seglares se preparan con todas las medidas de higiene y seguridad. Tras este periodo que nos ha brindado la oportunidad de redescubrir la grandeza de la iglesia doméstica, entramos en una etapa, también distinta, en la que mascarillas, desinfectante y distancia física se convertirán en aliadas para propiciar la celebración comunitaria de nuestra fe.

Ayer fue un día de emociones, de responsabilidad y fe en las iglesias aragonesas, donde volvieron a reunirse los fieles para celebrar la eucaristía. Lo que hace menos de dos meses nos parecía algo normal, hoy se ha convertido en extraordinario, en un regalo por el que dar gracias y comprometernos. Es justo, pues, que el día de ayer pueda calificarse como histórico y sirva para reconocer el gran trabajo que han hecho nuestros sacerdotes y comunidades parroquiales para reabrir con todas las garantías.

En muchas localidades pequeñas, mayoría en nuestra Comunidad, al cura le ha tocado mover los bancos, marcar los asientos, desinfectar los templos, poner carteles, ofrecer geles hidroalcohólicos, buscar mascarillas… A ellos, a los sacerdotes, se dirigió el pasado domingo el obispo de Tarazona, D. Eusebio Hernández, festividad de San Juan de Ávila, “guía y modelo”.

La diócesis turiasonense pone en marcha la campaña ‘Hazlo Posible’ con un fondo de emergencia específico —siguiendo la línea del Arzobispado de Zaragoza— para ayudar a paliar los efectos de la pandemia. Eso mismo, ayuda para superar la situación actual, es lo que pedimos a Dios todos los días y, especialmente, este jueves, Jornada de oración, ayuno y caridad, a iniciativa del papa Francisco.

¡Buen martes!

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