Tres nuevos sacerdotes para la archidiócesis de Zaragoza

Daniel Clemente, Jorge Gracia y José Monge fueron ordenados sacerdotes ayer por el arzobispo de Zaragoza, Mons. Carlos Escribano. La celebración tuvo lugar en la catedral basílica de Ntra. Sra. del Pilar, desde las cinco hasta las siete de la tarde. Posteriormente, se produjo el tradicional “aperitivo”, en la Casa de la Iglesia (Plaza de la Seo, 6).

Todo estaba listo unas horas antes, puesto que se habían suspendido las celebraciones de cinco y de seis en punto, habituales un domingo en la Casa de la Virgen. Salvo por un momento de incertidumbre provocado por la megafonía, la Santa Misa se desarrolló sin incidencias, con la solemnidad acostumbrada, correspondiente a la importancia que tiene la llegada de tres nuevos sacerdotes al presbiterio zaragozano.

“Muchos nervios debidos al cambio de vida. Pero en el momento de la ordenación, especialmente cuando me he tumbado al suelo, he sentido la presencia de todos los seres queridos que me acompañan y de todos los santos a los que me he encomendado”, ha dicho Jorge Gracia (1994, Zaragoza), en su primer día como presbítero. “La intención que tengo la siguiente etapa es la de hacer comunidad, especialmente en mis destinos pastorales; situar a los pobres en el centro, anunciando la esperanza de un Dios encarnado y acogiendo a todos sin distinción”.

Escribano centró su homilía en el camino que están llamados a recorrer los nuevos ordenados: “Queridos hijos, la gente espera mucho de vosotros. Sin decirlo. Pero esperan vuestro testimonio. El Pueblo quiere que seamos hombres de Dios. La santidad es el modelo que el pueblo necesita y espera de Dios. Un sacerdote ha de ser santo”. Asimismo, destacó el papel de tantos sacerdotes que han alimentado una comunidad viva, cuyo brío sobrevive durante décadas tras la marcha de ellos. “Puede pasar mucho tiempo. Y cuando vas, encuentras elementos que te sorprenden porque hubo alguien que supo plantar una semilla con su determinación personal”. 

En cuanto a los medios necesarios, destacó la importancia de la Eucaristía: “Que cada una de vuestra vida sea siempre como la primera”. Además, habló del Sacramento de la Penitencia y también de la Caridad: “Sólo con un corazón abierto a la acción de Dios podremos ser auténticos portadores de misericordia”. De la Misa a la mesa, la tarde terminó en los pasillos de la planta baja de la Casa de la Iglesia, donde cientos de personas se congregaron para saludar y felicitar a los recién ordenados. Así terminaban los tres su Acción de Gracias, a la que José Monge daba voz: “Ser cura es maravilloso. Nadie dijo que fuera fácil, por eso es tan apasionantemente bella esta aventura”.