Tarazona inicia la Semana Santa con la bendición de los ramos y la procesión de la Entrada de Jesús en Jerusalén

Marta Latorre
29 de marzo de 2026

La diócesis de Tarazona ha dado comienzo este domingo a las celebraciones de la Semana Santa con los actos propios del Domingo de Ramos, que han congregado a numerosos fieles en torno a la tradicional bendición de los ramos, la procesión y la posterior eucaristía presidida por el obispo, Mons. Vicente Rebollo, a pesar del fuerte viento y del frío.

Los actos han comenzado en la iglesia de San Francisco, donde el obispo ha bendecido los ramos de olivo ante los miembros de la cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén y del resto de cofradías de la ciudad, que habían llegado hasta el templo acompañando su paso titular. Tras la bendición, la cofradía ha iniciado su procesión por las calles de Tarazona, en un recorrido que ha culminado en la catedral de Santa María de la Huerta.

Allí ha tenido lugar la eucaristía del Domingo de Ramos, concelebrada por el vicario general, don Javier Bernal, el canónigo, don Javier Calvillo y el diácono, don Miguel Ángel Peña, y que ha sido solemnizada por el coro de la catedral.

En su homilía, el obispo ha subrayado el profundo significado espiritual de este día, que une la alegría de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén con el anuncio de su pasión. Don Vicente ha recordado que este domingo marca el inicio de “la semana de pasión”, en la que los cristianos contemplan a Cristo “que da su vida por nosotros”.

El prelado ha explicado que la liturgia de este día presenta dos momentos esenciales: la aclamación de Jesús como Mesías y la lectura de la Pasión. “Hoy sentimos a este Señor, a nuestro Rey, a nuestro Mesías, aclamado en su entrada en Jerusalén”, afirmó, antes de recordar que esa misma multitud que lo aclama será la que después pida su muerte.

Don Vicente articuló su reflexión en torno a tres ideas fundamentales: la necesidad de que el Redentor fuera también hombre, plenamente unido a la humanidad. Recordó que Jesús “se despojó de su condición divina” para hacerse uno de los nuestros; la unión total de Cristo con el ser humano, cargando sobre sí los pecados del mundo. La cruz, dijo, es “señal de esos pecados que nos apartan de Dios”, una carga que Jesús asume en obediencia. y la aceptación por parte de Dios del sacrificio de su Hijo, que no redime por el dolor en sí, sino por la entrega amorosa y obediente de Cristo.

El obispo invitó a los fieles a vivir esta Semana Santa “con profundidad”, sintiéndose cerca de Jesús y también de quienes sufren. “Que nos ayude esta semana a fortalecer nuestra fe en esta redención, en este perdón de los pecados, en esta vida eterna que Jesús consigue para todos nosotros”, concluyó.

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